Para hablar de Violeta Parra no existe voz más autorizada que la de la propia artista:
Pa’ cantar de un improviso
se requiere buen talento,
memoria y entendimiento,
fuerza de gallo castizo.
Cual vendaval de granizos
han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hast’el diablo
con muchas bellas razones,
como en las conversaciones
entre San Peiro y San Paulo.
Tamién, señores oyentes,
se necesita estrumento,
Muchísimos elementos
y compañero ‘locuente;
ha de ser güen contendiente,
conoce’or de l’historia;
quisiera tener memoria
pa’entablar un desafío,
pero no me da el sentí’o
pa’ finalizar con gloria.
Al hablar del estrumento
Diríjame al guitarrón,
Con su alambre y su bordón
su sonoro es un portento.
Cinc’ ordenanzas le cuento
tres de a cinco, dos de a tres,
del clavijero a sus pies
l’entrasta’ura ‘legante,
cuatro diablitos cantantes
debe su caja tener.
Y pa’ cantar a porfía
Habrá que ser toca’ora,
arrogante la cantora
para seguir melodía,
galantizar alegría
mientras dure’l contrapunto,
formar un bello conjunto
responder con gran destreza.
Yo veo que mi cabeza
No es capaz par’este asunto.
Por fin, señores amables,
Que me prestáis atención,
me habéis hallado razón
de hacerle quite a este sable;
mas no quiero que s’entable
contra mí algún comentario,
pa’ cominillo en los diarios
sobran muchos condimentos.
No ha de faltarm’ el momento
que aprenda la del canario.
Muda, triste y pensativa
Ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano
muy famoso en poesía.
Fue grande sorpresa mía
Cuando me dijo: Violeta,
ya que conocís la treta
de la vers’á popular,
princípiame a relatar
tus penurias “a lo pueta”.
Válgame Dios, Nicanor,
Si tengo tanto trabajo,
Que ando de arriba p’abajo
desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento
me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo
y tengo cuatro chiquillos
a quienes darl’el sustento.
En ratitos que me quedan
entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón,
o bien, mi cogot’e yegua;
con ellos me siento en tregua
pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio
me ha destinado este oficio;
y malhaya el beneficio,
como lo dice el proverbio.
Igual que jardín de flores
se ven los campos sembra’os,
de versos tan delica’os
que son perfectos primores;
ellos cantan los dolores,
llenos de fe y esperanzas;
algotros piden mudanzas
de nuestros amargos males;
fatal entre los fatales
voy siguiendo estas andanzas.
Por fin, hermano sencillo,
que no comprendís mi caso;
no sabís que un solo lazo
lacea un solo novillo.
Pica’o tengo el colmillo
de andar como el avestruz,
sin conseguir una luz,
ni una sed de agua siquiera.
Mientras tanto, la bandera
No dice ni chuz ni muz.
Pero, pensándolo bien,
y haciendo juicio a mi hermano,
tomé la pluma en la mano
y fui llenando el papel.
Luego vine a comprender
que la escritura da calma
a los tormentos del alma,
y en la mía que hay sobrantes;
hoy cantaré lo bastante
pa’ dar el grito de alarma.
Empezaré del comienzo
sin perder ningún detalle,
espero que no me falle
lo que contarles yo pienso;
a lo mejor no convenzo
con mi pobr’ inspiración
escas’ando de razón,
mi seso está ‘polilla’o,
con tanta preocupación.
Recularé algunos años
y de lugar mudaré,
así les resaltaré
sin “coilas” y sin engaños;
que se descarguen los daños
en la pobre relatora,
por no valerle hast’ahora
haberse amarra’o a Chile.
Si el canto no le da miles,
Válgame Dios, la cantora.
Primero, pido licencia
pa ”transportar” la guitarra;
después, digo que fue Parra
quien me donó l’existencia.
Si me falta l’elocuencia
para tejer el relato,
me pongo a pensar un rato
afirmando el “tuntuneo”,
a ver si así deletreo
con claridez mi relato.
Tenga calma la compaña
ya viene la despedí’a;
la poca sabiduría
mis ocurrencias empaña.
Siempre la suerte m’engaña
Por mucha ilusión que tenga;
que la fuerza me sostenga
si el sacrificio es en vano,
y no me condene, hermano:
no hay mal que por bien no venga.
Aquí presento a mi abuelo,
señores, démen permiso,
él no era un ñato petizo,
muy pronto van a saberlo;
en esos tiempos del duelo
versa’o fue en lo de leyes,
hablaba lengua de reyes,
usó corbata de rosa,
batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes.
José Calixto su nombre,
fue bastante respeta’o,
amistoso y muy letra’o,
su talento les asombre;
más le aumente su renombre
al decir muy en breve,
no más entre marte’ y jueves
procura mostrar su honor,
defendiendo el tricolor
el año setentainueve.
En la ciudad de Chillán
vivía en un caserón,
dueño de una población
de gran popularidad.
Pa’ mayor autoridad
manda sus hijo’ a l’escuela,
y a petición de mi abuela
les enseña a solfear
par’ un’ orquesta formar
de arpa, violín y vihuela.
El día de San José,
nombre del dueño de casa,
s’hizo una fiesta grandaza
según lo supe después.
Había muerto una res,
llegan noventa visitas
con flores y tarjetitas,
besan y abrazan al santo,
lo avisan con harto canto,
valse, mazurca y cuadrilla.
Las damas con abanico,
de fraque los caballeros,
perfumosos y altaneros,
como son siempre los ricos,
saltaban como unos quicos
cuando bajaron del coche
y armaron tremendo boche
los chiquillos copuchentos,
hormigueando to’os mugriento
entremedio ‘e los fantoches.
Mi abuelo por parte ‘e maire
era inquilino mayor,
capataz y cuidador
poco menos que del aire;
el rico con su donaire,
lo tenía de obliga’o
caballerizo monta’o,
de viñatero y rondín,
podador en el jardín
y hortalicero forza’o.
Todo esto, señores míos,
por un cuartito de tierra
y una galleta más perra
que llevaba a sus críos;
algunos reales, ¡Dios mío!,
pa’alimentar quince humanos,
sin mencionar los hermanos
que se apegaban al pial;
Don Ricardo Sandoval
cristiano entre los cristianos.
Al verlo a primera vista
parece mi lindo abuelo
algún arcángel del cielo
gemelo de Juan Bautista;
azules sus pupilitas,
dorada su cabellera,
montado en su yegua overa
no hay niña que no lo mire,
ni vieja que no suspire
por detrasito ‘e mi abuela.
Cuenta mi madre afligida
que mi abuelito Ricardo,
era un hermoso leopardo
pa’ batallar por la vida;
fuera de noche o de día
de aquí para allá galopa;
………………….*
en los inviernos terribles,
y en los veranos temibles
sudaba como as de copa.
Mi abuela a cargo ‘e la casa,
amamantando sus crios,
llevando el agua del río
pa’ preparar buena masa,
criando pollos de raza,
sacando miel en enero,
limpiando trigo en febrero
para venderlo en abril;
y en mayo, ¡qué perejil
cosecha junto al estero!
* Falta en el original
Violeta tuvo una vida breve. Su incapacidad de sosiego la llevó a vivir con tal intensidad que la agotó demasiado pronto. Desde su muerte, en 1967, su obra no ha hecho más que expandirse, entrando en las aulas para ser estudiada y formando parte del repertorio de los más grandes cantantes tanto de la música lírica, como de la música popular.
Su producción, a la vez tradicional y pionera, popular y vanguardista,fue el eje que dio el impulso vital para el nacimiento del más importante movimiento de la música popular de nuestro país, la Nueva Canción Chilena. Los jóvenes rockeros, también reconocen la profundidad de su música, llena de inequívoca crítica social, por lo que fueron permeables a su influencia.
Autora también de valoradas arpilleras, esculturas y pinturas al óleo, Violeta Parra creía que "cualquiera puede hacer canciones. Cualquiera puede ser artista y expresarse del modo que más le acomode". Su desarrollo fue el de una autodidacta, que nunca aprendió a escribir música ni contó con agentes para promocionar su trabajo.Dueña de una personalidad fuerte, poco amiga de las concesiones, Violeta supo desde temprano que la suya era una misión cultural que sólo se valoraría con el tiempo.
Nace en la calle Robles 531 de la ciudad de San Carlos, provincia de Ñuble, el 4 de octubre de 1917. Ella y sus ocho hermanos. además de dos medios hermanos hijos de su madre, estaban a cargo del matrimonio compuesto por Nicanor Parra y Clarisa Sandoval. Él era un profesor de música y ella, una mujer campesina; ambos, grandes apasionados del canto popular. Tras sobreponerse a un ataque de viruela, a los 3 años, Violeta crece al ritmo del campo chileno y del enorme tedio que le provoca la vida escolar, desarrollando, en cambio, una creciente pasión por el canto. El descubrimiento de la música se le presentó como el de quien se convierte a un credo: "mejor ni hablar de la escuela / la odié con todas mis ganas [...] / Y empiezo a amar la guitarra / y donde siento una farra, / allí aprendo una canción", cuenta en sus décimas. A los 9 años ya toca la guitarra y, a los 12 comienza a componer algunas canciones. Los problemas económicos de la familia Parra Sandoval se agudizan con la muerte del padre, en 1929, y en varias ocasiones Violeta y sus hermanos buscan con su canto callejero algunas monedas con las cuales contribuir al presupuesto familiar.
Si es cierto que yo sufrí, eso me fue emplumando como zorzala cantora que no la para ni el diablo.(Décimas).
Su hermano Nicanor es quien advierte en Violeta un talento especial. Cuando ya cuenta con 15 años de edad la invita a Santiago. Mientras ella intenta terminar sus estudios en la Escuela Normal de Niñas, descubre que el canto puede ser un modo cómodo de ganarse la vida, y es así que empieza a presentarse en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio; inicialmente junto a su hermana Hilda, como parte del dúo Las Hermanas Parra. Una vez más es su hermano quien le señala el camino. Violeta sale a recorrer campos y ciudades rescatando la música chilena en donde ella se encuentre. Durante su matrimonio con Luis Cereceda, un empleado ferroviario, acaecido en 1938, dista mucho de ser una dueña de casa modelo, pues su mente inquieta no es apta para llevar una vida familiar convencional y su matrimonio llega a su fin en 1948. Fruto de esta unión nacen sus dos hijos, Ángel e Isabel quienes continuarían con su arte.
Violeta, libre de ataduras, continúa su vida itinerante. Sin embargo, al año siguiente vuelve a contraer matrimonio, esta vez con Luis Arce, pero tampoco dura demasiado. Nacen Luisa Carmen y Rosita Clara, esta última fallece muy joven. De vuelta a la soltería Violeta siente que ahora puede asumir a plenitud su vocación de artista. Muchos de quienes la conocieron insisten en describir una característica muy marcada de su personalidad: su incapacidad para darse siquiera un momento de descanso. Violeta siente como propias las múltiples deudas culturales de Chile con el mundo popular, y gasta impensables esfuerzos en aportar a la valoración masiva de lo que los más pobres y alejados de la capital venían haciendo por la música de raíz. Comenzó, por ejemplo, a recorrer, junto a Ángel e Isabel, zonas rurales para grabar y recopilar música folclórica inédita. Llegó a reunir alrededor de tres mil canciones, las cuales presentó en el libro Cantos folclóricos chilenos y, más tarde, en el disco Cantos campesinos (editado originalmente en París).
De modo paralelo va creciendo como compositora. Desde un principio, sus versos fueron los de una mujer atrevida capaz de denunciar los abusos que ve a su alrededor, y a sus enemigos, personajes que fueron cruzando toda su obra: los burócratas, la injusticia, la estupidez, la insensibilidad de la gente, la mediocridad y el abuso al más débil. Una de sus primeras composiciones, por ejemplo, fue una canción de título elocuente: "¿Por qué los pobres no tienen?".
Es en 1953 cuando el espíritu y talento de Violeta Parra surgen con toda su intensidad. A raíz de un recital que ofrece en la casa de Pablo Neruda, Radio Chile la contrata para que haga una serie de programas que la colocan en una posición de vanguardia en la difusión y creación de la música folclórica chilena. Con renovado ímpetu se lanza a los campos y ciudades de norte a sur del país acompañada por un magnetófono y una guitarra en busca de las canciones que sólo pueden obtenerse de los propios labios de las cantoras, muchas de ellas centenarias. Durante el mismo año graba para el sello Odeón "Qué pena siente el alma" y "Casamiento de negros", dos de sus canciones más conocidas.
Que pena siente el alma.
Que pena siente el alma cuando la suerte impía se opone a los deseos que anhela el corazón que amargas son las horas de la existencia mía sin olvidar tus ojos sin escuchar tu voz y sin embargo a veces la sombra de la duda que por mi mente pasa como fatal visión.
Casamiento de negros
Se ha formado un casamiento todo cubierto de negro: negros novios y padrinos, negros cuñados y suegros.y el cura que los casó era de los mismos negros. Cuando empezaron la fiesta pusieron un mantel negro, luego llegaron al postre: se sirvieron higos secos y se fueron a acostar debajo de un cielo negro.
Y allí están las dos cabezas de la negra con el negro y amanecieron con frío, tuvieron que prender fuego. Carbón trajo la negrita,carbón que también es negro. Algo le duele a la negra. Vino el médico del pueblo, recetó emplasto de barro, pero del barro más negro y que dieran a la negrazumo de maquí del cerro. Ya se murió la negrita, qué pena pa'l pobre negro. La echó dentro de un cajón, cajón pintado de negro. No prendieron ni una vela: ¡ay que velorio tan negro!
Para entonces ya había recibido de regalo su primer guitarrón. En 1954 mantiene el programa "Canta Violeta Parra" en radio Chilena y gana el premio Caupolicán a la folclorista del año, por lo que es invitada a presentarse en un festival juvenil en Varsovia (Polonia). Recorre entonces la Unión Soviética y parte de Europa. En medio del viaje se entera por carta de la muerte, a causa de una pulmonía, de su hija menor, Rosita Clara. Aunque la noticia la afecta profundamente, no regresa de inmediato a Chile, sino que permanece dos años en París, ciudad en la que grabó sus primeros discos (para el sello Chante Du Monde) y estableció valiosos contactos con el mundo cultural europeo. Según su amigo Enrique Bello, "ella no fue a Paris como los señoritos del siglo XIX a aprender la última moda. Ella fue a imponer la canción chilena; ese era su desafío. Quiso someterse a prueba".
Escritos en París:
…deposito en desorden todo lo que me dicta mi cerebro atontado en este pañuelo de papel sellado siento hinchados los ojos para adentro y el corazón lo siento a flor de piel encima de mi pecho. Como otro seno más al lado izquierdo superpuesto superpuesto en mi carne, y en el hilo más finode mi fino sentir me palpita a deshoras con un ritmo de péndulo que se tiende a pararno se puede explicar este cansancio no hay idioma ni lente fotográfico. Esta pena tranquila, permanente, que echó raíz en mí como en su casa patio, esta pena tan clara como ustedes como ustedes que pasan y saludan mi pupila lo acusa y mi oído lo traga tan clarita mi pena como el sauce con su pelo peinado para abajo tan clarita mi pena yo la puedo sentir cómo gotea una a una sus letras desde arriba hasta adentro pero explicar no puedo su contorno porque es como un embarazo imaginario y cómo patalea como en la bicicleta pedaleamos para alcanzar la cima deseada. Yo la veo mi pena, se recuesta, se inclina y se arredonda mi pena se me sube a los platos al secarlosy si quiero colgar una camisa se me cuelga primero la tremenda, la amarilla la de siete cabezas rasuradas.y al sacarme el vestido se me sube
y al ponerme la enagua se me escama y al bajar la escalera me deja y me retoma en cada piso.
Se acuesta conmigo y se levanta en octubre tal vez,
o en Talcahuano, me desata sus nudos la culebra.
***
Qué les pasa a mis manos que palpitan por dentro
que por todos sus hilos me hormiguea el misterio
por mis diez caminitos se apretuja el aliento
que se esconde y se asoma como nube al viento
qué les pasa a mis manos que no encuentran sosiego
que por ellas se agolpa todo el peso del cuerpo
por su sangre me marchan regimientos completos
y me queman la sangre sus tambores de fuego
qué les pasa a mis manos con sus frágiles huesos
con la médula viva pestañando entre sueños
con la carne poblada de perpetuos destellos
que atraviesan mi piel con sus raros conciertos
qué les pasa a mis manos que se pasan gimiendo
como si un corazón de minúsculos nervios
se agitara debajo como pájaro enfermo
aunque tenga mis manos en oficio perpetuo
sus tendones aflojan sus millones de pelos
parpadean mis uñas en sus duros extremos
y debajo llamea despacio un…
***
Mi corazón está de velorio
el humo de vela quemada
ya me llega al cuello
con este peso en los ojos
los días se me hacen lerdos
pero llorar no quiero.
Soñé que me moría de pena
cuando me desperté
un pajarillo cantaba
en mi ventana.
Con suspirar no adelanto nada
al contrario
es como atizar el fuego en pleno sol.
Bajaré a conversar con algún niño.
En la escalera de caracol
enredaré mi tristeza.
Los adoquines
recién jabonados en el patio pasadizo
me ponen una barrera
entre el niño y yo.
Está todo en silencio y recién lavado.
Si hubiera un detergente
para lavar mis pensamientos…
¡Qué raro! Tengo tantos deseos de hacer un trabajo nuevo
y no me sale nada.
En vano la guitarra en mi mano
mi lápiz se mueve sin ningún entusiasmo.
¿Será que me falta fuerza física?
Apenas puedo abrir los ojos, y dormirme tampoco puedo.
Todo lo que tenía en el vientre se me fue con la
intoxicación contraída.
Pollo añejo me vendieron
pollo envenenado.
¡Los comerciantes!
Doradito y perfumoso, pero como una hoja de afeitar
para el estómago
5 francos 20. Es decir 5.000 pesos chilenos.
Así matan a la gente los comerciantes
cinco mil pesos por una intoxicación
que puede llevarnos sin lástima a la tumba
y la compra del ataúd
y el recibir a los amigos
y el gloriao inevitable
y la familia sin cabeza
y el trabajo inconcluso
y las cartas no contestadas
y el vestido a medio lavar
y el viaje proyectado a Coelemu…
y tanta cosa por hacer.
Un cuadro casi terminado en azul claro
un amor a punto de cuajar un día de junio
un compromiso para cantarle a los obreros
un año y medio sin ver a mi familia
el regreso proyectado para agosto
y los porotos apenas en el primer hervor
y el san Cristobal que baila en mi cabeza
con sus miles de arañas peligrosas
y que a la sanidad poco le importa.
Tendremos que tocarle el amor propio
con un verso que hable claro el asunto.
Pero será después, cuando me haya mejorado de la intoxicación
con el pollito
que el infecto comerciante me vendiera
por cinco francos veinte, que chirriaron
al entrar en su caja sin escrúpulos.
Varios días postrada en la cama
sospechando el olor de las coronas
y el olor de las velas derretidas.
De repente se detiene el calendario
inoficioso es ya el crujir de los motores
gratuita la caída de la lluvia
nada más importante que la fiebre
la luna pasa a último plano
y quién va a hablar del sol en estos casos
todo como cortado a guillotina
una canción, un viaje, un telegrama
todo se lo ha embolsado el comerciante
dorado en mantequilla vegetal
y de buena presencia, por supuesto
me han vendido el veneno muy envuelto
en sedoso papel de plasticina
y anudado con cintas esterilizadas
así venía el puñal que ahora me tiene
con dos inmensos túneles por ojos
y con la piel aplanchada en los riñones
sin médula en los huesos, como una caña hueca
y el pensadero enredado como nunca
que no deja decir como yo quiero
lo que debe gritarse a manos llenas
sobre pollos dorados al aceite
que nos vende el “honesto” comerciante
en modernos almacenes de Nilón.
¿Por qué me vine de Chile tan bien que yo estaba allá?Ahora ando en tierras extrañas, ay, cantando como apenada. Tengo en mi pecho una espina que me clava sin cesar en mi corazón que sufre, ay, por su tierra chilena. Quiero bailar cueca, quiero tomar chicha, ir al mercado y comprarme un pequén. Ir por Matucana y pasear por la quinta y al Santa Lucía contigo mi bien. Antes de salir de Chile yo no supe comprenderlo que vale ser chilena: ay, ahora sí que lo sé. Igual que lloran mis ojos al cantar esta canc ión,ay, así llora mi guitarra penosamente el bordón. Qué lejos está mi Chile, lejos mi media mitad, qué lejos mis ocho hermanos, ay, mi comadre y mi mamá. Parece que hiciera un siglo que de Chile no se nada, por eso escribo esta carta, ay, la mando de aquí pa' allá.
Que he sacado con quererte.
Que he sacado con luna ayayai!!! que los dos miramos junto ayayai!!! que he sacado con los nombres ayayai!!! estampados en el muro ayaya!!! Como cambia el calendario ayayai!!! cambia todo en este mundo ayayai!!! Coro ayayai ay ay Que he sacado con el lirio ayayai que plantamos en el patio ayayaino era uno el que plantaba ayayai eran dos enamorados ayayai hortelano tu plantio ayayai con el tiempo no ha cambiado ayayai Coro Que he sacado con las sombras ayayaidel aromo por testigo ayayaiy los cuatro pies marcado ayayaien la orilla del camino ayayaique he sacado con quererte ayayaiclavelito florecido ayayai coro Aqui esta la misma luna ayayaien el patio el blanco lirio ayayailos dos nombres en el muro ayayaiy tu rastro en el camino ayayaipero tu palomo ingrato ayayai
ya no arrullas en mi nido ayayay
Qué dirá el Santo Padre
Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad. Miren como pregonan tranquilidad, cuando nos atormenta la autoridad. Que dirá el Santo Padre? Que vive en Roma, que le están degollando, a su paloma. Miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven penas como granizo. Miren el entusiasmo, por la setencia, sabiendo que mataban a la inocencia. Que dirá el Santo Padre...etc.Y el que oficia la muerte como verdugo, tranquillo está tomando, su desayuno. Con esto se impusieron la soga en cuello, el quinto mandamiento, no tiene sello. Que dirá el Santo Padre...etc. Mientras más injusticias, señor fiscal, más fuerza tiene mí alma, para cantar.Lindo segar el trigo en el sembrao,
regado con tu sangre, Júlian Grimao.Que dirá el Santo Padre...etc.
Run Run Se Fué Pa'l Norte
Canción-rin En un carro de olvido,antes del aclarar,de una estación del tiempodecidido a rodar,Run Run se fue pa'l norte,no sé cuándo vendrá;vendrá para el cumpleañosde nuestra soledad.A los tres días cartacon letras de coralme dice que su viajese alarga más y más,se va de Antofagastasin dar una señal,y cuenta una aventuraque paso a deletrear.¡Ay, ay, ay, de mí!Al medio de un gentíoque tuvo que afrontar,un trasbordo por culpadel último huracán,en un puente quebradocerca de Vallenar,con una cruz al hombroRun Run debió cruzar.Run Run siguió su viaje;llegó a Tamarugal,Sentado en una piedrase puso a divagar"que sí", "que esto", "que lo otro","que nunca", "que además","que la vida es mentira","que la muerte es verdad".¡Ay, ay, ay, de mí!La cosa es que una alforjase puso a trajinar,sacó papel y tinta,y un recuerdo quizás;sin pena ni alegría,sin gloria ni piedad,sin rabia ni amargura,sin hiel ni libertad,vacía como el huecodel mundo terrenal,Run Run mandó su cartapor mandarla no más.Run Run se fue pa'l norte,yo me quedé en el sur;al medio hay un abismosin música ni luz.¡Ay, ay, ay, de mí!El calendario aflojapor las ruedas del tren;los números del año,por el filo del riel.Más vueltas dan los fierros,más nubes en el mes,más largos son los rieles,más agrio es el después.Run Run se fue pa'l norte,¡qué le vamos a hacer!Así es la vida entonces,espinas de Israel;amor crucificado,coronas del desdén,los clavos del martirio,el vinagre y la hiel.¡Ay, ay, ay, de mí!
Arauco tiene una pena
Arauco tiene una pena que no la puedo callar,son injusticias de siglosque todos ven aplicar,nadie le ha puesto remediopudiéndolo remediar.Levántate, Huenchullán.Un día llega de lejosHuescufe conquistador,buscando montañas de oro,que el indio nunca buscó,al indio le basta el oroque le relumbra del sol.Levántate, Curimón. .Entonces corre la sangre,no sabe el indio qué hacer,le van a quitar su tierra,la tiene que defender,el indio se cae muerto,y el afuerino de pie.Levántate, ManquilefAdónde se fue Lautaroperdido en el cielo azul,y el alma de Galvarinose la llevó el viento Sur,por eso pasan llorandolos cueros de su kultrún.Levántate, pues, Callfull.Del año mil cuatrocientosque el indio afligido está,a la sombra de su rucalo pueden ver lloriquear,totora de cinco siglosnunca se habrá de secar.Levántate, Callupán.Arauco tiene una penamás negra que su chamal,ya no son los españoleslos que les hacen llorar,hoy son los propios chilenoslos que les quitan su pan.Levántate, Pailahuán.Ya rugen las votaciones,se escuchan por no dejar,pero el quejido del indio¿por qué no se escuchará?Aunque resuene en la tumbala voz de Caupolicán,levántate, Huenchullán.
Miren cómo sonríen
Miren cómo sonríenlos presidentescuando le hacen promesasal inocente.Miren cómo le ofrecenal Sindicatoeste mundo y el otrolos candidatos.Miren cómo redoblanlos juramentos,pero después del votodoble tormento.Miren el herviderode vigilantepara rociar de floresal estudiante.Miren cómo relumbrancarabinerospara hacerle premiosa los obreros.Miren cómo se vistencabo y sargentopara teñir de rojolos pavimentos.Miren cómo profananlas sacristíascon pieles y sombrerosde hipocresía.Miren cómo blanqueanmes de Maríay al pobre negreanla luz del día.Miren cómo le muestranuna escopetapara quitarle al pobresu marraqueta.Miren cómo se empolvanlos funcionariospara contar las hojasdel calendario.Miren cómo sonríen,angelicales,miren como se olvidanque son mortales.
Violeta regresa a Chile de modo definitivo en 1965. Deja atrás el rico intercambio cultural de Europa, en donde había llegado a convertirse en una figura valorada en todo su talento, para volver a una sociedad recelosa de su franqueza y que aún no comprende su arte. Se presenta algunas veces en el local nocturno que habían comenzado a administrar Ángel e Isabel en calle Carmen: La Peña de los Parra. Sin embargo, no se acomoda del todo y opta por trabajar a su ritmo. Instala entonces en lo alto de la comuna de La Reina una carpa con capacidad para mil personas. Pretendía no sólo continuar allí mostrando su música, sino que quería que aquello se convirtiera en una universidad de las artes. En una entrevista en 1966 con René Largo Farías dice: "Creo que todo artista debe aspirar a fundir su trabajo en el contacto directo con el público. Estoy muy contenta de haber llegado a un punto de mi trabajo en que ya no quiero ni siquiera hacer tapicería, ni pintura, ni poesía. Me conformo con mantener la carpa y trabajar, esta vez con elementos vivos, con el público cerquita de mí, al cual yo puedo sentir, tocar, hablar e incorporar a mi alma". La realidad es que no consiguió nunca la convocatoria esperada. Algunos espectadores la recuerdan cantando algunas veces para apenas una docena de asistentes. Su proyecto requería de mucho más que su esfuerzo, hacían falta profesores, invertir un capital que no se tenía. Mas, no por eso dejaba de ser un sueño maravilloso.
El dolor que le provoca el término de su relación amorosa con Favré, quien se marcha a Bolivia en 1966, se torna insoportable. Violeta vivía con la contradicción de quien se sentía responsable de una gran misión frente a la casi total indiferencia del público hacia su trabajo.
En entrevista de Leonidas Morales a Nicanor Parra, éste último relata los acontecimientos ocurridos el mismo día en que su hermana murió:
L.M. La idea de narrar su vida en décimas fue como ella dice ¿no? Sugerencia tuya.
N.P. No recuerdo. Yo le estaba dando tareas siempre, eso sí. Incluso el día sábado antes del suicidio le dí otra tarea. Estábamos aquí en una terracita, frente a la quebrada. Yo la tenía invitada a almorzar, el día sábado. Ella el martes partía rumbo a Europa, vía Buenos Aires. Se iba a quedar en Buenos Aires e iba a hacer una exposición ahí. Llegó tarde. Bien tarde. Con un regalo: con unos patos, blancos. Y estos patos venían amarrados, para que no se volaran. Entonces lo primero que hice yo: corté las amarras y los patos salieron volando y se fueron a la quebrada. Estos patos blancos…Ella se sorprendió primero y dijo:”Vamos a perder los patos”. Pero después entendió completamente la situación. Y yo no sé por qué lo hice. Es un happening poético, también. A los patos los dimos por perdidos. Ahora, yo recuerdo que después estuvimos largo rato ahí, largo, largo, de repente vimos que los patos estaban en la quebrada mirándonos a nosotros, poniendo atención a nuestra conversación…Un misterio insondable.
Ella se presentó con un amigo, Carlos Rodríguez creo que se llamaba. Vinieron en un jeep del Carlos Rodríguez. Carlos Rodríguez era un hombre joven, apuesto. No sé si era pololo de ella o un amigo no más. Almorzamos ahí, los tres. La nueva tarea que traté de darle fue la de escribir una novela. “Aquí falta la gran novela gran – dije-. Quién sino tú la podría sacar adelante. Suspende tu viaje a Europa hasta después de tu novela” Pero ella parece que ya había tomado su decisión, a juzgar por lo categórico de su respuesta: Eso vas a tener que hacerlo tú mismo. Déjame cantarte la última canción. Estúpidamente yo no entendía lo que quería decir la frase. Creí ese día que era la última canción de la sesión. Pero después me dí cuenta que era la última de la última. Aquí ocurrió algo singular. “Día domingo en el cielo”, así se llamaba. Ahora, ella tuvo un contratiempo conmigo, porque yo le dije: “No, cántame otra antes. Cántame mi canción favorita, que es la canción chilota” Describe ahí una familia chilota en un bote:”No es vida la del chilote…”. Bueno, le molestó que yo le pidiera esa canción, pero me la cantó. La cantó y seguidamente pasó a “Día domingo en el cielo”. Y se puso de pie, como una sombra así, y la guitarra aquí…
UN DOMINGO EN EL CIELO
(Sirilla)– ¡Nos juimos pa’l cielo, m’hijito!Día domingo en el cieloHicieron unas fiestitasPa’ celebrar el cumpleañosDe santa juana bendita.Permiso les dio el señorPor ser un día feria’o,’taba cerrada la gloria,También el limbo cerra’o.Al medio de aquel festejoComo abejita en la rosaSan lucas se hace turumbaBailando al refalosa.En el jardín del edénSuspira santa TeresaCon una copa en la mano,Parece que de cerveza.De lejos sentía el amoFragancia de chicha cru’a,Pa’ sus adentros pensaba”qué fiesta tan macanú’a”.Una santa cuarentonaReparte los bizcochuelos.Por uno que le recibenCuatro le botan al suelo.San Miguel y santa RosaBailaban con dos pañuelos,En cada paso que dabanPisaban los bizcochuelos.Propone la MagdalenaJugar a los disfraza’o.La idea fue recibí’aCon un aplauso cerra’o.Llorando la borracheraSe presentó JeremíasCon la pistola en la mano,vestido de policía.El labrador san Isidroque es el patrón de las aguas,pa’ hacer reír a la gentese disfrazó de paraguas.La fiesta sube que sube,Con to’a tal chimuchinaIgual que en el gallinerocuando ponen las gallinas.Aquí llegó el padre eternopa’ levantar el permiso.fue tanta su turbaciónque clausuró el paraíso.
Con Carlos Rodríguez se fue a la peña. Tenía que cantar ahí esa noche. Y extrañamente, fíjate tú que volvió tres horas más tarde. Volvió aquí. ¿Esta vez volvió con Carlos? No, creo que volvió sola. Porque ella llegó a su carpa y ahí había un grupo de argentinos que me andaban buscando a mí. Entonces ella volvió para acá. Estuvo un rato. Y esa noche había una gran fiesta aquí arriba. Un vecino que teníamos, muy amigo de ella. ¿Cómo se llamaba este escultor? Edwards…¿Te acuerdas tú cómo se llamaba?
L.M. No, no lo conozco.
N.P. Arturo Edwards…Que era prácticamente el dueño de todas estas tierras. Yo le compré a él, tengo entendido, o él tenía mucho que ver. Él era un hombre de negocios. Arturo Edwards. Un gran sujeto ¿ah? Escultor y hombre de negocios. Simultáneamente, y gran señor, pero no rajadiablos chileno. Gran señor chileno. Muy amigo de Violeta. Habían trabajado juntos, incluso se habían asociado y habían hecho una gran fonda en el Parque. ¡Y ahí estaba el Arturo, fíjate! No se sentía disminuido por el hecho de estar en ese medio y haciendo este tipo de cosas con Violeta. Bien, entonces en la casa de Arturo Edwards…¿Se había muerto ya Arturo? No, no recuerdo. Pero estaba Arturo chico, que acababa de volver, tengo entendido, de la Isla de Pascua. Estaba llena de pascuenses la casa.
L.M. Y estaban de fiesta.
N.P. Estaban de fiesta. Gran fiesta gran. Y bajó el Arturo chico:”Nicanor – dijo – todo el mundo pa’arriba”. A la fiesta miéchica. Yo le dije: Violeta, vamos p’arriba”. “No, tengo que ir a la peña” Y se fue a la peña. No sospechaba para nada. Si lo hubiera sospechado vagamente, yo me movilizo, pues oye. De todas maneras yo tuve una última chance. Al día siguiente yo tenía unos invitados a almorzar, y no tenía vino. A estas horas más o menos, dije yo, puchas, voy a buscar vino. Y se me ocurrió pasar a la casa que era de la Viola, la casita de madera que tenía ella, que se había comprado con los derechos de autor de esa canción…los negros…
L.M. “Casamiento de negros”
N.P. “Casamiento de negros”. Entonces pasé por ahí, en mi escarabajo blanco. Y dije, la Violeta debe tener vino. No estaba ahí la Violeta. Estaba la hija de la Viola, la Carmen Luisa. “¿Y la Violeta?” “En la carpa”. “Ah, entonces voy – le dije – me voy a la carpa”. Y aquí sucedió algo diabólico. Carmen Luisa me dice: “No vaya a la carpa, tío. No va a encontrar vino allá. La mamá no tiene vino ahí en la carpa”. Claro, era la una y media de la tarde ya.
L.M. Si vas, tú llegas a tiempo.
N.P. Natural, Estábamos a dos horas, dos o tres horas…del disparo. Claro que de todas maneras esto se hubiera producido a posteriori, después, porque no era la primera vez que intentaba suicidarse. No era la primera vez. Ahora, a las cinco de la tarde de ese día…Las cinco tendrían que haber sido…Yo estaba transplantando un bambú, de repente ví que llegaba alguien, un enviado, un emisario, no sé como caracterizarle, porque no era un simple mozo de la carpa, que estaba a cargo de él y de su mujer. Brotó de la nada, como un fantasma, mientras yo transplantaba unas matas de bambú. “Don Nicanor, acaba de ocurrir una cosa terrible”. “Lo sospecho – respondo - ¿Por qué no la llevan a la Posta?.. Se quedó en silencio mirando el suelo. Después me pasó una carta. Me dijo:”Esta carta estaba en las rodillas de ella”. Una carta con manchas de sangre…terrible…que no conoce nadie sino yo… Tal vez alguna vez me atreva a publicarla…Porque no deja títere con cabeza… A uno solamente…La “Carta del Vidente” de Rimbaud no es más lúcida, no es más apocalíptica, no es más humilde.
Hasta aquí el fragmento de la entrevista.
De acuerdo a la investigación, aparentemente aquella carta aún no es conocida por el público.
No eran tiempos fáciles para Violeta, quien intentó acabar con su vida por primera vez en 1966, poco antes de grabar su mejor disco, Las últimas composiciones. Preocupados, algunos de sus amigos la invitaron a una gira por el sur de Chile. Viajó entonces hasta Punta Arenas, y regresó a Santiago visiblemente más animada. Pero resultó ser un bienestar fugaz. Las últimas composiciones fueron una suerte de epitafio adelantado, un disco de canciones tan intensas y contradictorias como su vida, y que iba desde la más desolada amargura de "Corazón Maldito", hasta el himno humanista en que ha llegado a convertirse "Gracias a la vida".
Corazón maldito
(Violeta Parra)
Corazón, contesta,por qué palpitas, sí,por qué palpitas,como una campanaque se encabrita, sí,que se encabrita.Por qué palpitas.No ves que la nocheLa paso en vela, sí,la paso en vela,como en mar violentola carabela, sí,la carabela.Tú me desvelas.Cuál es mi pecadopa maltratarme, sí,pa maltratarme,como el prisioneropor los gendarmes,sí, por los gendarmes.Quieres matarme.Pero a ti te ocultanduras paredes, sí,duras paredesy mi sangre oprimesentre tus redes, sí,entre tus redes.Por qué no cedes.Corazón malditosin miramiento, sí,sin miramiento,ciego, sordo y mudode nacimiento, sí,de nacimiento.Me das tormento.
Gracias a la vida
(Violeta Parra)
Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me dio dos luceros que, cuando los abro,perfecto distingo lo negro del blanco,y en el alto cielo su fondo estrelladoy en las multitudes el hombre que yo amo.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado el oído que en todo su ancho,graba noche y día grillos y canarios;martillos, turbinas, ladridos, chubascos,y la voz tan tierna de mi bien amado.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado el sonido y el abecedario,con él las palabras que pienso y declaro:madre, amigo, hermano, y luz alumbrandola ruta del alma del que estoy amando.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado la marcha de mis pies cansados;con ellos anduve ciudades y charcos,playas y desiertos, montañas y llanos,y la casa tuya, tu calle y tu patio.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me dio el corazón que agita su marcocuando miro el fruto del cerebro humano;cuando miro el bueno tan lejos del malo,cuando miro el fondo de tus ojos claros.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.Así yo distingo dicha de quebranto,los dos materiales que forman mi canto,y el canto de ustedes que es el mismo cantoy el canto de todos, que es mi propio canto.Gracias a la vida que me ha dado tanto.
(1964-1965)
EL LEGADO DE VIOLETA.
Para explicar lo que fue la obra de Violeta, cito los términos con que José María Arguedas, escritor y antropólogo peruano se refiere a ella: “es la comprensión de la cultura como una totalidad en que se entretejen y reproducen prácticas de vida: formas de comportamiento, una percepción de las relaciones sociales, actitudes frente al trabajo, el amor, la recreación y la expresividad artística”
El rasgo más relevante en Violeta Parra, y por tanto en su producción artística, es la pasión. Su vida llena de encuentros y desencuentros, ligada siempre al amor, al folclore y a justicia. La irreverencia con que plantea su pensamiento, tan centrado en la belleza de su propio pueblo, tanto así que, estando en la ciudad de la luz, París, sólo siente la necesidad de regresar junto a la gente de la que se nutre: barrios populares, ferias y trabajadores del campo. Su singular lazo con la tierra lo hace carne al instalarse en su carpa de La Reina. Para ella era importante vivir sobre el suelo de tierra apisonada como el que la vio nacer. Las grandes obras de arte contenidas en el museo El Louvre, donde ella también expuso, no la impresionan, no llaman su atención. No se trata de desdén hacia el arte, sino que es tan poderosa la meta y el camino que se ha trazado que desecha todo lo que la aparte de él.
Su mayor proyecto, la instalación de una carpa en la zona santiaguina de La Reina, se orientaba a la creación de una especie de "universidad" de la cultura popular que incluiría idealmente cursos de folklore, de composición musical, artesanía, danza, muestras de la cocina autóctona, presentación de artistas populares, etc. Más que un centro tradicional para ofrecer espectáculos pagados, ese proyecto en el que volcó sus últimos esfuerzos y sueños lo entendía como un espacio de concertación de una praxis cultural disgregada y marginada por el avance avasallador de la sociedad urbana...... En relación a su trabajo de recopilación y a sus proyectos, su hijo Ángel Parra señala en una entrevista:
“Primero que nada, ella no quería que lo que estaba rescatando como folklore se entendiera como cosa de museo. El folklore, para ella (entendiendo como folklore también la artesanía, la cerámica, las leyendas e historias populares, la cultura culinaria, etc.) era parte de la cultura viva, actual, de un pueblo. Por eso que su sueño mayor fue crear esa especie de universidad popular del folklore, a partir de la Carpa de La Reina, donde esta cultura se estudiara y se reincorporara en forma activa a la vida nacional. Hubo un momento en que esto se pudo hacer, pero como estos proyectos siempre requieren una infraestructura grande, de dinero, profesores, etc., nadie se atrevió a seguirla en esta locura. Que habría sido una locura maravillosa. Esta actitud frente al folklore, entenderlo como un fenómeno cultural vivo, la llevaba a rechazar las danzas del siglo XIX y de la Colonia (el cuando, la resfalosa, etc.) y a buscar manifestaciones todavía vigentes en el campo, como en los "velorios de angelitos", o en las "redondillas", cantando con poetas populares, algo que no se consideraba respetable entonces. Pero ella, con la garra que tenía, con su empuje, fue metiéndose en ese mundo y rescatando sus expresiones culturales. En un momento se dio cuenta que parte de esa tradición estaba centrada en el pasado, que cantar el Génesis, el Nuevo Testamento, la Pasión de Cristo en décimas, etc., era un poco también cantarle al pasado. Y es allí donde ella descubre que toda la tradición formal del folklore, todas esas herramientas que ha ido coleccionando a través de los años (la cuarteta, la décima, el chapecao, etc.) se podrían utilizar para cantar las realidades del presente, para cantarle al amor, a la vida política, a las situaciones sociales del mundo contemporáneo, etc. Yo creo que es ahí donde se produce la transición fundamental, y Violeta queda como una gran folklorista, alguien que rescató la identidad de la cultural nacional, y a la vez como la mujer contemporánea que utiliza esa tradición para cantarle a su tiempo histórico. Para cantarle a la vida, finalmente. Esa es mi impresión.”
En el “Libro Mayor de Violeta Parra”, escrito por su hija Isabel, hace referencia a una entrevista efectuada a su madre:
"Pregunta: Violeta, usted es poeta, es compositora, y hace tapicería y pintura. Si tuviera que elegir un sólo medio de expresión. ¿Cuál elegiría?
Violeta: yo elegiría quedarme con la gente".
Su obra seguirá ocupando la atención de los especialistas, pero la memoria de su canto se ha ido enraizando en la comunidad, en esa gente que aprendió a oírla, aunque sea tardíamente. En esa gente a la que explicó sin subterfugios retóricos:
"Yo canto a la "chillaneja"si tengo que decir algoy no tomo la guitarrapor conseguir un aplauso.Yo canto la diferencia que hay de lo cierto a lo falso,de lo contrario no canto".
Alejandra Gallero U.
Parral, Junio 2009.
BIBLIOGRAFÍA: PROYECTO PATRIMONIO
Pàgina cultural en Internet
Archivo Violeta Parra.
PROYECTO PATRIMONIO
Pàgina cultural en Internet
Archivo Violeta Parra.
Décimas. Autobiografía en verso (fragmento).
CEME. ARCHIVO DE CHILE.
Entrevista a Violeta Parra por el locutor
Mario Céspedes Radio Concepción.
CEME. ARCHIVO CHILE
Entrevista a su hermano Nicanor
La última canción de Violeta Parra
Leonidas Morales T.
CEME. ARCHIVO CHILE
Escritos de París,
Violeta Parra.
CEME. ARCHIVO CHILE
Violeta la de todos los tiempos
CEME. ARCHIVO CHILE
Violeta Parra: Décimas, canciones y cartas.




