05 julio 2009

SENCILLA COMO UNA VIOLETA

SENCILLA COMO UNA VIOLETA

Para hablar de Violeta Parra no existe voz más autorizada que la de la propia artista:

Pa’ cantar de un improviso
se requiere buen talento,
memoria y entendimiento,
fuerza de gallo castizo.
Cual vendaval de granizos
han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hast’el diablo
con muchas bellas razones,
como en las conversaciones
entre San Peiro y San Paulo.

Tamién, señores oyentes,
se necesita estrumento,
Muchísimos elementos
y compañero ‘locuente;
ha de ser güen contendiente,
conoce’or de l’historia;
quisiera tener memoria
pa’entablar un desafío,
pero no me da el sentí’o
pa’ finalizar con gloria.

Al hablar del estrumento
Diríjame al guitarrón,
Con su alambre y su bordón
su sonoro es un portento.
Cinc’ ordenanzas le cuento
tres de a cinco, dos de a tres,
del clavijero a sus pies
l’entrasta’ura ‘legante,
cuatro diablitos cantantes
debe su caja tener.

Y pa’ cantar a porfía
Habrá que ser toca’ora,
arrogante la cantora
para seguir melodía,
galantizar alegría
mientras dure’l contrapunto,
formar un bello conjunto
responder con gran destreza.
Yo veo que mi cabeza
No es capaz par’este asunto.

Por fin, señores amables,
Que me prestáis atención,
me habéis hallado razón
de hacerle quite a este sable;
mas no quiero que s’entable
contra mí algún comentario,
pa’ cominillo en los diarios
sobran muchos condimentos.
No ha de faltarm’ el momento
que aprenda la del canario.

Muda, triste y pensativa
Ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano
muy famoso en poesía.
Fue grande sorpresa mía
Cuando me dijo: Violeta,
ya que conocís la treta
de la vers’á popular,
princípiame a relatar
tus penurias “a lo pueta”.

Válgame Dios, Nicanor,
Si tengo tanto trabajo,
Que ando de arriba p’abajo
desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento
me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo
y tengo cuatro chiquillos
a quienes darl’el sustento.

En ratitos que me quedan
entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón,
o bien, mi cogot’e yegua;
con ellos me siento en tregua
pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio
me ha destinado este oficio;
y malhaya el beneficio,
como lo dice el proverbio.

Igual que jardín de flores
se ven los campos sembra’os,
de versos tan delica’os
que son perfectos primores;
ellos cantan los dolores,
llenos de fe y esperanzas;
algotros piden mudanzas
de nuestros amargos males;
fatal entre los fatales
voy siguiendo estas andanzas.

Por fin, hermano sencillo,
que no comprendís mi caso;
no sabís que un solo lazo
lacea un solo novillo.
Pica’o tengo el colmillo
de andar como el avestruz,
sin conseguir una luz,
ni una sed de agua siquiera.
Mientras tanto, la bandera
No dice ni chuz ni muz.

Pero, pensándolo bien,
y haciendo juicio a mi hermano,
tomé la pluma en la mano
y fui llenando el papel.
Luego vine a comprender
que la escritura da calma
a los tormentos del alma,
y en la mía que hay sobrantes;
hoy cantaré lo bastante
pa’ dar el grito de alarma.

Empezaré del comienzo
sin perder ningún detalle,
espero que no me falle
lo que contarles yo pienso;
a lo mejor no convenzo
con mi pobr’ inspiración
escas’ando de razón,
mi seso está ‘polilla’o,
con tanta preocupación.

Recularé algunos años
y de lugar mudaré,
así les resaltaré
sin “coilas” y sin engaños;
que se descarguen los daños
en la pobre relatora,
por no valerle hast’ahora
haberse amarra’o a Chile.
Si el canto no le da miles,
Válgame Dios, la cantora.

Primero, pido licencia
pa ”transportar” la guitarra;
después, digo que fue Parra
quien me donó l’existencia.
Si me falta l’elocuencia
para tejer el relato,
me pongo a pensar un rato
afirmando el “tuntuneo”,
a ver si así deletreo
con claridez mi relato.

Tenga calma la compaña
ya viene la despedí’a;
la poca sabiduría
mis ocurrencias empaña.
Siempre la suerte m’engaña
Por mucha ilusión que tenga;
que la fuerza me sostenga
si el sacrificio es en vano,
y no me condene, hermano:
no hay mal que por bien no venga.

Aquí presento a mi abuelo,
señores, démen permiso,
él no era un ñato petizo,
muy pronto van a saberlo;
en esos tiempos del duelo
versa’o fue en lo de leyes,
hablaba lengua de reyes,
usó corbata de rosa,
batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes.

José Calixto su nombre,
fue bastante respeta’o,
amistoso y muy letra’o,
su talento les asombre;
más le aumente su renombre
al decir muy en breve,
no más entre marte’ y jueves
procura mostrar su honor,
defendiendo el tricolor
el año setentainueve.

En la ciudad de Chillán
vivía en un caserón,
dueño de una población
de gran popularidad.
Pa’ mayor autoridad
manda sus hijo’ a l’escuela,
y a petición de mi abuela
les enseña a solfear
par’ un’ orquesta formar
de arpa, violín y vihuela.

El día de San José,
nombre del dueño de casa,
s’hizo una fiesta grandaza
según lo supe después.
Había muerto una res,
llegan noventa visitas
con flores y tarjetitas,
besan y abrazan al santo,
lo avisan con harto canto,
valse, mazurca y cuadrilla.

Las damas con abanico,
de fraque los caballeros,
perfumosos y altaneros,
como son siempre los ricos,
saltaban como unos quicos
cuando bajaron del coche
y armaron tremendo boche
los chiquillos copuchentos,
hormigueando to’os mugriento
entremedio ‘e los fantoches.

Mi abuelo por parte ‘e maire
era inquilino mayor,
capataz y cuidador
poco menos que del aire;
el rico con su donaire,
lo tenía de obliga’o
caballerizo monta’o,
de viñatero y rondín,
podador en el jardín
y hortalicero forza’o.

Todo esto, señores míos,
por un cuartito de tierra
y una galleta más perra
que llevaba a sus críos;
algunos reales, ¡Dios mío!,
pa’alimentar quince humanos,
sin mencionar los hermanos
que se apegaban al pial;
Don Ricardo Sandoval
cristiano entre los cristianos.

Al verlo a primera vista
parece mi lindo abuelo
algún arcángel del cielo
gemelo de Juan Bautista;
azules sus pupilitas,
dorada su cabellera,
montado en su yegua overa
no hay niña que no lo mire,
ni vieja que no suspire
por detrasito ‘e mi abuela.

Cuenta mi madre afligida
que mi abuelito Ricardo,
era un hermoso leopardo
pa’ batallar por la vida;
fuera de noche o de día
de aquí para allá galopa;
………………….*
en los inviernos terribles,
y en los veranos temibles
sudaba como as de copa.

Mi abuela a cargo ‘e la casa,
amamantando sus crios,
llevando el agua del río
pa’ preparar buena masa,
criando pollos de raza,
sacando miel en enero,
limpiando trigo en febrero
para venderlo en abril;
y en mayo, ¡qué perejil
cosecha junto al estero!

* Falta en el original

Porque la obra y la vida de Violeta Parra forman un todo inextinguible y vivo, es que asumo esta tarea de enlazar vida y obra de la mujer que no obtuvo un premio novel, y que sin embargo es conocida y admirada mundialmente. No pretendo presentar aquí toda su obra poética; sería una tarea demasiado pretenciosa. Tan sólo quiero que sea un humilde homenaje y un aporte más que ilumine lo que fue el producto de la existencia de nuestra multifacética artista.
Violeta tuvo una vida breve. Su incapacidad de sosiego la llevó a vivir con tal intensidad que la agotó demasiado pronto. Desde su muerte, en 1967, su obra no ha hecho más que expandirse, entrando en las aulas para ser estudiada y formando parte del repertorio de los más grandes cantantes tanto de la música lírica, como de la música popular.
Su producción, a la vez tradicional y pionera, popular y vanguardista,fue el eje que dio el impulso vital para el nacimiento del más importante movimiento de la música popular de nuestro país, la Nueva Canción Chilena. Los jóvenes rockeros, también reconocen la profundidad de su música, llena de inequívoca crítica social, por lo que fueron permeables a su influencia.
Autora también de valoradas arpilleras, esculturas y pinturas al óleo, Violeta Parra creía que "cualquiera puede hacer canciones. Cualquiera puede ser artista y expresarse del modo que más le acomode". Su desarrollo fue el de una autodidacta, que nunca aprendió a escribir música ni contó con agentes para promocionar su trabajo.Dueña de una personalidad fuerte, poco amiga de las concesiones, Violeta supo desde temprano que la suya era una misión cultural que sólo se valoraría con el tiempo.
Nace en la calle Robles 531 de la ciudad de San Carlos, provincia de Ñuble, el 4 de octubre de 1917. Ella y sus ocho hermanos. además de dos medios hermanos hijos de su madre, estaban a cargo del matrimonio compuesto por Nicanor Parra y Clarisa Sandoval. Él era un profesor de música y ella, una mujer campesina; ambos, grandes apasionados del canto popular. Tras sobreponerse a un ataque de viruela, a los 3 años, Violeta crece al ritmo del campo chileno y del enorme tedio que le provoca la vida escolar, desarrollando, en cambio, una creciente pasión por el canto. El descubrimiento de la música se le presentó como el de quien se convierte a un credo: "mejor ni hablar de la escuela / la odié con todas mis ganas [...] / Y empiezo a amar la guitarra / y donde siento una farra, / allí aprendo una canción", cuenta en sus décimas. A los 9 años ya toca la guitarra y, a los 12 comienza a componer algunas canciones. Los problemas económicos de la familia Parra Sandoval se agudizan con la muerte del padre, en 1929, y en varias ocasiones Violeta y sus hermanos buscan con su canto callejero algunas monedas con las cuales contribuir al presupuesto familiar.
Si es cierto que yo sufrí, eso me fue emplumando como zorzala cantora que no la para ni el diablo.(Décimas).
Su hermano Nicanor es quien advierte en Violeta un talento especial. Cuando ya cuenta con 15 años de edad la invita a Santiago. Mientras ella intenta terminar sus estudios en la Escuela Normal de Niñas, descubre que el canto puede ser un modo cómodo de ganarse la vida, y es así que empieza a presentarse en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio; inicialmente junto a su hermana
Hilda, como parte del dúo Las Hermanas Parra. Una vez más es su hermano quien le señala el camino. Violeta sale a recorrer campos y ciudades rescatando la música chilena en donde ella se encuentre. Durante su matrimonio con Luis Cereceda, un empleado ferroviario, acaecido en 1938, dista mucho de ser una dueña de casa modelo, pues su mente inquieta no es apta para llevar una vida familiar convencional y su matrimonio llega a su fin en 1948. Fruto de esta unión nacen sus dos hijos, Ángel e Isabel quienes continuarían con su arte.
Violeta, libre de ataduras, continúa su vida itinerante. Sin embargo, al año siguiente vuelve a contraer matrimonio, esta vez con Luis Arce, pero tampoco dura demasiado. Nacen Luisa Carmen y Rosita Clara, esta última fallece muy joven. De vuelta a la soltería Violeta siente que ahora puede asumir a plenitud su vocación de artista. Muchos de quienes la conocieron insisten en describir una característica muy marcada de su personalidad: su incapacidad para darse siquiera un momento de descanso. Violeta siente como propias las múltiples deudas culturales de Chile con el mundo popular, y gasta impensables esfuerzos en aportar a la valoración masiva de lo que los más pobres y alejados de la capital venían haciendo por la música de raíz. Comenzó, por ejemplo, a recorrer, junto a Ángel e Isabel, zonas rurales para grabar y recopilar música folclórica inédita. Llegó a reunir alrededor de tres mil canciones, las cuales presentó en el libro Cantos folclóricos chilenos y, más tarde, en el disco Cantos campesinos (editado originalmente en París).
De modo paralelo va creciendo como compositora. Desde un principio, sus versos fueron los de una mujer atrevida capaz de denunciar los abusos que ve a su alrededor, y a sus enemigos, personajes que fueron cruzando toda su obra: los burócratas, la injusticia, la estupidez, la insensibilidad de la gente, la mediocridad y el abuso al más débil. Una de sus primeras composiciones, por ejemplo, fue una canción de título elocuente:
"¿Por qué los pobres no tienen?".

(Violeta Parra)
Porque los pobres no tienen
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que su hermano
en este mundo le quita.¡Palomita!
Qué cosas tiene la vida,ay zambita!
Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.
Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanzas,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza,
por eso las procesiones,
las velas, las alabanzas.
De tiempos inmemoriales
que se ha inventado el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y el pobre, que es inocente,
con su inocencia creyendo.
El cielo tiene las riendas,
la tierra y el capital,
y a los soldados del Papa
les llena bien el morral,
y al que trabaja le meten
la gloria como un bozal.
Para seguir la mentira,
lo llama su confesor,
le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliegos ni sindicatos,
que ofende su corazón.

[Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.
Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor.
Pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.]**

Las dos últimas estrofas aparecen en la versión de Isabel Parra de 1963)

Es en 1953 cuando el espíritu y talento de Violeta Parra surgen con toda su intensidad. A raíz de un recital que ofrece en la casa de Pablo Neruda, Radio Chile la contrata para que haga una serie de programas que la colocan en una posición de vanguardia en la difusión y creación de la música folclórica chilena. Con renovado ímpetu se lanza a los campos y ciudades de norte a sur del país acompañada por un magnetófono y una guitarra en busca de las canciones que sólo pueden obtenerse de los propios labios de las cantoras, muchas de ellas centenarias. Durante el mismo año graba para el sello Odeón "Qué pena siente el alma" y "Casamiento de negros", dos de sus canciones más conocidas.

Que pena siente el alma.
Que pena siente el alma
cuando la suerte impía se opone a los deseos que anhela el corazón que amargas son las horas de la existencia mía sin olvidar tus ojos sin escuchar tu voz y sin embargo a veces la sombra de la duda que por mi mente pasa como fatal visión.

Casamiento de negros
Se ha formado un casamiento todo cubierto de negro: negros novios y padrinos, negros cuñados y suegros.y el cura que los casó era de los mismos negros. Cuando empezaron la fiesta pusieron un mantel negro, luego llegaron al postre: se sirvieron higos secos y se fueron a acostar debajo de un cielo negro.

Y allí están las dos cabezas de la negra con el negro y amanecieron con frío, tuvieron que prender fuego. Carbón trajo la negrita,carbón que también es negro. Algo le duele a la negra. Vino el médico del pueblo, recetó emplasto de barro, pero del barro más negro y que dieran a la negrazumo de maquí del cerro. Ya se murió la negrita, qué pena pa'l pobre negro. La echó dentro de un cajón, cajón pintado de negro. No prendieron ni una vela: ¡ay que velorio tan negro!

Para entonces ya había recibido de regalo su primer guitarrón. En 1954 mantiene el programa "Canta Violeta Parra" en radio Chilena y gana el premio Caupolicán a la folclorista del año, por lo que es invitada a presentarse en un festival juvenil en Varsovia (Polonia). Recorre entonces la Unión Soviética y parte de Europa. En medio del viaje se entera por carta de la muerte, a causa de una pulmonía, de su hija menor, Rosita Clara. Aunque la noticia la afecta profundamente, no regresa de inmediato a Chile, sino que permanece dos años en París, ciudad en la que grabó sus primeros discos (para el sello Chante Du Monde) y estableció valiosos contactos con el mundo cultural europeo. Según su amigo Enrique Bello, "ella no fue a Paris como los señoritos del siglo XIX a aprender la última moda. Ella fue a imponer la canción chilena; ese era su desafío. Quiso someterse a prueba".

Escritos en París:

…deposito en desorden todo lo que me dicta mi cerebro atontado en este pañuelo de papel sellado siento hinchados los ojos para adentro y el corazón lo siento a flor de piel encima de mi pecho. Como otro seno más al lado izquierdo superpuesto superpuesto en mi carne, y en el hilo más finode mi fino sentir me palpita a deshoras con un ritmo de péndulo que se tiende a pararno se puede explicar este cansancio no hay idioma ni lente fotográfico. Esta pena tranquila, permanente, que echó raíz en mí como en su casa patio, esta pena tan clara como ustedes como ustedes que pasan y saludan mi pupila lo acusa y mi oído lo traga tan clarita mi pena como el sauce con su pelo peinado para abajo tan clarita mi pena yo la puedo sentir cómo gotea una a una sus letras desde arriba hasta adentro pero explicar no puedo su contorno porque es como un embarazo imaginario y cómo patalea como en la bicicleta pedaleamos para alcanzar la cima deseada. Yo la veo mi pena, se recuesta, se inclina y se arredonda mi pena se me sube a los platos al secarlosy si quiero colgar una camisa se me cuelga primero la tremenda, la amarilla la de siete cabezas rasuradas.y al sacarme el vestido se me sube
y al ponerme la enagua se me escama y al bajar la escalera me deja y me retoma en cada piso.
Se acuesta conmigo y se levanta en octubre tal vez,
o en Talcahuano, me desata sus nudos la culebra.


***

Qué les pasa a mis manos que palpitan por dentro
que por todos sus hilos me hormiguea el misterio
por mis diez caminitos se apretuja el aliento
que se esconde y se asoma como nube al viento

qué les pasa a mis manos que no encuentran sosiego
que por ellas se agolpa todo el peso del cuerpo
por su sangre me marchan regimientos completos
y me queman la sangre sus tambores de fuego
qué les pasa a mis manos con sus frágiles huesos
con la médula viva pestañando entre sueños
con la carne poblada de perpetuos destellos
que atraviesan mi piel con sus raros conciertos
qué les pasa a mis manos que se pasan gimiendo
como si un corazón de minúsculos nervios
se agitara debajo como pájaro enfermo
aunque tenga mis manos en oficio perpetuo
sus tendones aflojan sus millones de pelos
parpadean mis uñas en sus duros extremos
y debajo llamea despacio un…

***

Mi corazón está de velorio
el humo de vela quemada
ya me llega al cuello
con este peso en los ojos
los días se me hacen lerdos
pero llorar no quiero.
Soñé que me moría de pena
cuando me desperté
un pajarillo cantaba
en mi ventana.
Con suspirar no adelanto nada
al contrario
es como atizar el fuego en pleno sol.
Bajaré a conversar con algún niño.
En la escalera de caracol
enredaré mi tristeza.
Los adoquines
recién jabonados en el patio pasadizo
me ponen una barrera
entre el niño y yo.
Está todo en silencio y recién lavado.
Si hubiera un detergente
para lavar mis pensamientos…

¡Qué raro! Tengo tantos deseos de hacer un trabajo nuevo
y no me sale nada.
En vano la guitarra en mi mano
mi lápiz se mueve sin ningún entusiasmo.
¿Será que me falta fuerza física?
Apenas puedo abrir los ojos, y dormirme tampoco puedo.
Todo lo que tenía en el vientre se me fue con la
intoxicación contraída.
Pollo añejo me vendieron
pollo envenenado.
¡Los comerciantes!
Doradito y perfumoso, pero como una hoja de afeitar
para el estómago
5 francos 20. Es decir 5.000 pesos chilenos.
Así matan a la gente los comerciantes
cinco mil pesos por una intoxicación
que puede llevarnos sin lástima a la tumba
y la compra del ataúd
y el recibir a los amigos
y el gloriao inevitable
y la familia sin cabeza
y el trabajo inconcluso
y las cartas no contestadas
y el vestido a medio lavar
y el viaje proyectado a Coelemu…
y tanta cosa por hacer.
Un cuadro casi terminado en azul claro
un amor a punto de cuajar un día de junio
un compromiso para cantarle a los obreros
un año y medio sin ver a mi familia
el regreso proyectado para agosto
y los porotos apenas en el primer hervor
y el san Cristobal que baila en mi cabeza
con sus miles de arañas peligrosas
y que a la sanidad poco le importa.
Tendremos que tocarle el amor propio
con un verso que hable claro el asunto.
Pero será después, cuando me haya mejorado de la intoxicación
con el pollito
que el infecto comerciante me vendiera
por cinco francos veinte, que chirriaron
al entrar en su caja sin escrúpulos.
Varios días postrada en la cama
sospechando el olor de las coronas
y el olor de las velas derretidas.
De repente se detiene el calendario
inoficioso es ya el crujir de los motores
gratuita la caída de la lluvia
nada más importante que la fiebre
la luna pasa a último plano
y quién va a hablar del sol en estos casos
todo como cortado a guillotina
una canción, un viaje, un telegrama
todo se lo ha embolsado el comerciante
dorado en mantequilla vegetal
y de buena presencia, por supuesto
me han vendido el veneno muy envuelto
en sedoso papel de plasticina
y anudado con cintas esterilizadas
así venía el puñal que ahora me tiene
con dos inmensos túneles por ojos
y con la piel aplanchada en los riñones
sin médula en los huesos, como una caña hueca
y el pensadero enredado como nunca
que no deja decir como yo quiero
lo que debe gritarse a manos llenas
sobre pollos dorados al aceite
que nos vende el “honesto” comerciante
en modernos almacenes de Nilón.

Regresa a Chile, a fines de 1956. Violeta empieza a diversificarse como artista, realizando un alabado trabajo en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras. Trabaja un tiempo en un museo de arte popular y folclórico que ella misma fomentó a crear en la Universidad de Concepción y luego viaja por casi todo Chile, ofreciendo cursos de folclore y recitales. Ese mismo año aparecen sus primeros LPs, El folklore de Chile (volúmenes 1 y 2), con una mayoría de títulos ajenos y en los cuales la voz de Violeta se acompaña apenas de una guitarra de madera. Expone por primera vez sus óleos en 1960 en la Feria de Artes Plásticas del capitalino Parque Forestal. Cada septiembre se ocupa en su propia ramada. También colabora en varios documentales sobre tradiciones chilenas (como "La Tirana"). Pese a tanta actividad, Violeta despertaba entonces un interés mucho más sincero en el extranjero que localmente. Entre 1961 y 1965 se radica nuevamente en Europa, donde activa una dinámica de constantes recitales (desde boîtes hasta salones de la Unesco), siempre con la intención de difundir el folclore chileno. Vive en París con sus tres hijos, y graba varios discos con Ángel e Isabel como "Los Parra de Chile". Fue un tiempo de intensa creación pero también de nostalgia, tal como lo explican los versos en "Violeta Ausente", una de sus creaciones de entonces.

Violeta Ausente
¿Por qué me vine de Chile tan bien que yo estaba allá?Ahora ando en tierras extrañas, ay, cantando como apenada. Tengo en mi pecho una espina que me clava sin cesar en mi corazón que sufre, ay, por su tierra chilena. Quiero bailar cueca, quiero tomar chicha, ir al mercado y comprarme un pequén. Ir por Matucana y pasear por la quinta y al Santa Lucía contigo mi bien. Antes de salir de Chile yo no supe comprenderlo que vale ser chilena: ay, ahora sí que lo sé. Igual que lloran mis ojos al cantar esta canc ión,ay, así llora mi guitarra penosamente el bordón. Qué lejos está mi Chile, lejos mi media mitad, qué lejos mis ocho hermanos, ay, mi comadre y mi mamá. Parece que hiciera un siglo que de Chile no se nada, por eso escribo esta carta, ay, la mando de aquí pa' allá.
En 1964, la chilena logra un hecho inédito al convertirse en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el famoso museo del Louvre. De algún modo, era su música la que estuvo entonces en las paredes: "Las arpilleras son como canciones que se pintan", decía. Fue también éste un período de amor intenso, gracias a la firme relación que fue forjando junto al musicólogo y antropólogo suizo Gilbert Favré, el destinatario de muchas de sus más importantes composiciones de amor y desamor ("Corazón maldito", "¿Qué he sacado con quererte?", "Run Run se fue pa’l norte"). Violeta va mostrando para entonces una pluma de destemplada crítica social, y fue en esos años que surgieron algunos de sus títulos más “combativos”: "¿Qué dirá el Santo Padre?", "Arauco tiene una pena", "Miren cómo sonríen", fundamentales para el venidero movimiento de Nueva Canción Chilena. También en París fue que escribió el libro Poesía popular de Los Andes. Admirada de su talento, la televisión suiza filmó entonces un documental que incluía una extensa entrevista en su taller: Violeta Parra, bordadora chilena.

Que he sacado con quererte.

Que he sacado con luna ayayai!!! que los dos miramos junto ayayai!!! que he sacado con los nombres ayayai!!! estampados en el muro ayaya!!! Como cambia el calendario ayayai!!! cambia todo en este mundo ayayai!!! Coro ayayai ay ay Que he sacado con el lirio ayayai que plantamos en el patio ayayaino era uno el que plantaba ayayai eran dos enamorados ayayai hortelano tu plantio ayayai con el tiempo no ha cambiado ayayai Coro Que he sacado con las sombras ayayaidel aromo por testigo ayayaiy los cuatro pies marcado ayayaien la orilla del camino ayayaique he sacado con quererte ayayaiclavelito florecido ayayai coro Aqui esta la misma luna ayayaien el patio el blanco lirio ayayailos dos nombres en el muro ayayaiy tu rastro en el camino ayayaipero tu palomo ingrato ayayai
ya no arrullas en mi nido ayayay


Qué dirá el Santo Padre
Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad. Miren como pregonan tranquilidad, cuando nos atormenta la autoridad. Que dirá el Santo Padre? Que vive en Roma, que le están degollando, a su paloma. Miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven penas como granizo. Miren el entusiasmo, por la setencia, sabiendo que mataban a la inocencia. Que dirá el Santo Padre...etc.Y el que oficia la muerte como verdugo, tranquillo está tomando, su desayuno. Con esto se impusieron la soga en cuello, el quinto mandamiento, no tiene sello. Que dirá el Santo Padre...etc. Mientras más injusticias, señor fiscal, más fuerza tiene mí alma, para cantar.Lindo segar el trigo en el sembrao,
regado con tu sangre, Júlian Grimao.Que dirá el Santo Padre...etc.

Run Run Se Fué Pa'l Norte
Canción-rin En un carro de olvido,antes del aclarar,de una estación del tiempodecidido a rodar,Run Run se fue pa'l norte,no sé cuándo vendrá;vendrá para el cumpleañosde nuestra soledad.A los tres días cartacon letras de coralme dice que su viajese alarga más y más,se va de Antofagastasin dar una señal,y cuenta una aventuraque paso a deletrear.¡Ay, ay, ay, de mí!Al medio de un gentíoque tuvo que afrontar,un trasbordo por culpadel último huracán,en un puente quebradocerca de Vallenar,con una cruz al hombroRun Run debió cruzar.Run Run siguió su viaje;llegó a Tamarugal,Sentado en una piedrase puso a divagar"que sí", "que esto", "que lo otro","que nunca", "que además","que la vida es mentira","que la muerte es verdad".¡Ay, ay, ay, de mí!La cosa es que una alforjase puso a trajinar,sacó papel y tinta,y un recuerdo quizás;sin pena ni alegría,sin gloria ni piedad,sin rabia ni amargura,sin hiel ni libertad,vacía como el huecodel mundo terrenal,Run Run mandó su cartapor mandarla no más.Run Run se fue pa'l norte,yo me quedé en el sur;al medio hay un abismosin música ni luz.¡Ay, ay, ay, de mí!El calendario aflojapor las ruedas del tren;los números del año,por el filo del riel.Más vueltas dan los fierros,más nubes en el mes,más largos son los rieles,más agrio es el después.Run Run se fue pa'l norte,¡qué le vamos a hacer!Así es la vida entonces,espinas de Israel;amor crucificado,coronas del desdén,los clavos del martirio,el vinagre y la hiel.¡Ay, ay, ay, de mí!

Arauco tiene una pena
Arauco tiene una pena que no la puedo callar,son injusticias de siglosque todos ven aplicar,nadie le ha puesto remediopudiéndolo remediar.Levántate, Huenchullán.Un día llega de lejosHuescufe conquistador,buscando montañas de oro,que el indio nunca buscó,al indio le basta el oroque le relumbra del sol.Levántate, Curimón. .Entonces corre la sangre,no sabe el indio qué hacer,le van a quitar su tierra,la tiene que defender,el indio se cae muerto,y el afuerino de pie.Levántate, ManquilefAdónde se fue Lautaroperdido en el cielo azul,y el alma de Galvarinose la llevó el viento Sur,por eso pasan llorandolos cueros de su kultrún.Levántate, pues, Callfull.Del año mil cuatrocientosque el indio afligido está,a la sombra de su rucalo pueden ver lloriquear,totora de cinco siglosnunca se habrá de secar.Levántate, Callupán.Arauco tiene una penamás negra que su chamal,ya no son los españoleslos que les hacen llorar,hoy son los propios chilenoslos que les quitan su pan.Levántate, Pailahuán.Ya rugen las votaciones,se escuchan por no dejar,pero el quejido del indio¿por qué no se escuchará?Aunque resuene en la tumbala voz de Caupolicán,levántate, Huenchullán.

Miren cómo sonríen
Miren cómo sonríenlos presidentescuando le hacen promesasal inocente.Miren cómo le ofrecenal Sindicatoeste mundo y el otrolos candidatos.Miren cómo redoblanlos juramentos,pero después del votodoble tormento.Miren el herviderode vigilantepara rociar de floresal estudiante.Miren cómo relumbrancarabinerospara hacerle premiosa los obreros.Miren cómo se vistencabo y sargentopara teñir de rojolos pavimentos.Miren cómo profananlas sacristíascon pieles y sombrerosde hipocresía.Miren cómo blanqueanmes de Maríay al pobre negreanla luz del día.Miren cómo le muestranuna escopetapara quitarle al pobresu marraqueta.Miren cómo se empolvanlos funcionariospara contar las hojasdel calendario.Miren cómo sonríen,angelicales,miren como se olvidanque son mortales.


Violeta regresa a Chile de modo definitivo en 1965. Deja atrás el rico intercambio cultural de Europa, en donde había llegado a convertirse en una figura valorada en todo su talento, para volver a una sociedad recelosa de su franqueza y que aún no comprende su arte. Se presenta algunas veces en el local nocturno que habían comenzado a administrar Ángel e Isabel en calle Carmen: La Peña de los Parra. Sin embargo, no se acomoda del todo y opta por trabajar a su ritmo. Instala entonces en lo alto de la comuna de La Reina una carpa con capacidad para mil personas. Pretendía no sólo continuar allí mostrando su música, sino que quería que aquello se convirtiera en una universidad de las artes. En una entrevista en 1966 con René Largo Farías dice: "Creo que todo artista debe aspirar a fundir su trabajo en el contacto directo con el público. Estoy muy contenta de haber llegado a un punto de mi trabajo en que ya no quiero ni siquiera hacer tapicería, ni pintura, ni poesía. Me conformo con mantener la carpa y trabajar, esta vez con elementos vivos, con el público cerquita de mí, al cual yo puedo sentir, tocar, hablar e incorporar a mi alma". La realidad es que no consiguió nunca la convocatoria esperada. Algunos espectadores la recuerdan cantando algunas veces para apenas una docena de asistentes. Su proyecto requería de mucho más que su esfuerzo, hacían falta profesores, invertir un capital que no se tenía. Mas, no por eso dejaba de ser un sueño maravilloso.
El dolor que le provoca el término de su relación amorosa con Favré, quien se marcha a Bolivia en 1966, se torna insoportable. Violeta vivía con la contradicción de quien se sentía responsable de una gran misión frente a la casi total indiferencia del público hacia su trabajo.

En entrevista de Leonidas Morales a Nicanor Parra, éste último relata los acontecimientos ocurridos el mismo día en que su hermana murió:

L.M. La idea de narrar su vida en décimas fue como ella dice ¿no? Sugerencia tuya.
N.P. No recuerdo. Yo le estaba dando tareas siempre, eso sí. Incluso el día sábado antes del suicidio le dí otra tarea. Estábamos aquí en una terracita, frente a la quebrada. Yo la tenía invitada a almorzar, el día sábado. Ella el martes partía rumbo a Europa, vía Buenos Aires. Se iba a quedar en Buenos Aires e iba a hacer una exposición ahí. Llegó tarde. Bien tarde. Con un regalo: con unos patos, blancos. Y estos patos venían amarrados, para que no se volaran. Entonces lo primero que hice yo: corté las amarras y los patos salieron volando y se fueron a la quebrada. Estos patos blancos…Ella se sorprendió primero y dijo:”Vamos a perder los patos”. Pero después entendió completamente la situación. Y yo no sé por qué lo hice. Es un happening poético, también. A los patos los dimos por perdidos. Ahora, yo recuerdo que después estuvimos largo rato ahí, largo, largo, de repente vimos que los patos estaban en la quebrada mirándonos a nosotros, poniendo atención a nuestra conversación…Un misterio insondable.
Ella se presentó con un amigo, Carlos Rodríguez creo que se llamaba. Vinieron en un jeep del Carlos Rodríguez. Carlos Rodríguez era un hombre joven, apuesto. No sé si era pololo de ella o un amigo no más. Almorzamos ahí, los tres. La nueva tarea que traté de darle fue la de escribir una novela. “Aquí falta la gran novela gran – dije-. Quién sino tú la podría sacar adelante. Suspende tu viaje a Europa hasta después de tu novela” Pero ella parece que ya había tomado su decisión, a juzgar por lo categórico de su respuesta: Eso vas a tener que hacerlo tú mismo. Déjame cantarte la última canción. Estúpidamente yo no entendía lo que quería decir la frase. Creí ese día que era la última canción de la sesión. Pero después me dí cuenta que era la última de la última. Aquí ocurrió algo singular. “Día domingo en el cielo”, así se llamaba. Ahora, ella tuvo un contratiempo conmigo, porque yo le dije: “No, cántame otra antes. Cántame mi canción favorita, que es la canción chilota” Describe ahí una familia chilota en un bote:”No es vida la del chilote…”. Bueno, le molestó que yo le pidiera esa canción, pero me la cantó. La cantó y seguidamente pasó a “Día domingo en el cielo”. Y se puso de pie, como una sombra así, y la guitarra aquí…

UN DOMINGO EN EL CIELO

(Sirilla)– ¡Nos juimos pa’l cielo, m’hijito!Día domingo en el cieloHicieron unas fiestitasPa’ celebrar el cumpleañosDe santa juana bendita.Permiso les dio el señorPor ser un día feria’o,’taba cerrada la gloria,También el limbo cerra’o.Al medio de aquel festejoComo abejita en la rosaSan lucas se hace turumbaBailando al refalosa.En el jardín del edénSuspira santa TeresaCon una copa en la mano,Parece que de cerveza.De lejos sentía el amoFragancia de chicha cru’a,Pa’ sus adentros pensaba”qué fiesta tan macanú’a”.Una santa cuarentonaReparte los bizcochuelos.Por uno que le recibenCuatro le botan al suelo.San Miguel y santa RosaBailaban con dos pañuelos,En cada paso que dabanPisaban los bizcochuelos.Propone la MagdalenaJugar a los disfraza’o.La idea fue recibí’aCon un aplauso cerra’o.Llorando la borracheraSe presentó JeremíasCon la pistola en la mano,vestido de policía.El labrador san Isidroque es el patrón de las aguas,pa’ hacer reír a la gentese disfrazó de paraguas.La fiesta sube que sube,Con to’a tal chimuchinaIgual que en el gallinerocuando ponen las gallinas.Aquí llegó el padre eternopa’ levantar el permiso.fue tanta su turbaciónque clausuró el paraíso.

Con Carlos Rodríguez se fue a la peña. Tenía que cantar ahí esa noche. Y extrañamente, fíjate tú que volvió tres horas más tarde. Volvió aquí. ¿Esta vez volvió con Carlos? No, creo que volvió sola. Porque ella llegó a su carpa y ahí había un grupo de argentinos que me andaban buscando a mí. Entonces ella volvió para acá. Estuvo un rato. Y esa noche había una gran fiesta aquí arriba. Un vecino que teníamos, muy amigo de ella. ¿Cómo se llamaba este escultor? Edwards…¿Te acuerdas tú cómo se llamaba?

L.M. No, no lo conozco.

N.P. Arturo Edwards…Que era prácticamente el dueño de todas estas tierras. Yo le compré a él, tengo entendido, o él tenía mucho que ver. Él era un hombre de negocios. Arturo Edwards. Un gran sujeto ¿ah? Escultor y hombre de negocios. Simultáneamente, y gran señor, pero no rajadiablos chileno. Gran señor chileno. Muy amigo de Violeta. Habían trabajado juntos, incluso se habían asociado y habían hecho una gran fonda en el Parque. ¡Y ahí estaba el Arturo, fíjate! No se sentía disminuido por el hecho de estar en ese medio y haciendo este tipo de cosas con Violeta. Bien, entonces en la casa de Arturo Edwards…¿Se había muerto ya Arturo? No, no recuerdo. Pero estaba Arturo chico, que acababa de volver, tengo entendido, de la Isla de Pascua. Estaba llena de pascuenses la casa.

L.M. Y estaban de fiesta.

N.P. Estaban de fiesta. Gran fiesta gran. Y bajó el Arturo chico:”Nicanor – dijo – todo el mundo pa’arriba”. A la fiesta miéchica. Yo le dije: Violeta, vamos p’arriba”. “No, tengo que ir a la peña” Y se fue a la peña. No sospechaba para nada. Si lo hubiera sospechado vagamente, yo me movilizo, pues oye. De todas maneras yo tuve una última chance. Al día siguiente yo tenía unos invitados a almorzar, y no tenía vino. A estas horas más o menos, dije yo, puchas, voy a buscar vino. Y se me ocurrió pasar a la casa que era de la Viola, la casita de madera que tenía ella, que se había comprado con los derechos de autor de esa canción…los negros…

L.M. “Casamiento de negros”

N.P. “Casamiento de negros”. Entonces pasé por ahí, en mi escarabajo blanco. Y dije, la Violeta debe tener vino. No estaba ahí la Violeta. Estaba la hija de la Viola, la Carmen Luisa. “¿Y la Violeta?” “En la carpa”. “Ah, entonces voy – le dije – me voy a la carpa”. Y aquí sucedió algo diabólico. Carmen Luisa me dice: “No vaya a la carpa, tío. No va a encontrar vino allá. La mamá no tiene vino ahí en la carpa”. Claro, era la una y media de la tarde ya.

L.M. Si vas, tú llegas a tiempo.

N.P. Natural, Estábamos a dos horas, dos o tres horas…del disparo. Claro que de todas maneras esto se hubiera producido a posteriori, después, porque no era la primera vez que intentaba suicidarse. No era la primera vez. Ahora, a las cinco de la tarde de ese día…Las cinco tendrían que haber sido…Yo estaba transplantando un bambú, de repente ví que llegaba alguien, un enviado, un emisario, no sé como caracterizarle, porque no era un simple mozo de la carpa, que estaba a cargo de él y de su mujer. Brotó de la nada, como un fantasma, mientras yo transplantaba unas matas de bambú. “Don Nicanor, acaba de ocurrir una cosa terrible”. “Lo sospecho – respondo - ¿Por qué no la llevan a la Posta?.. Se quedó en silencio mirando el suelo. Después me pasó una carta. Me dijo:”Esta carta estaba en las rodillas de ella”. Una carta con manchas de sangre…terrible…que no conoce nadie sino yo… Tal vez alguna vez me atreva a publicarla…Porque no deja títere con cabeza… A uno solamente…La “Carta del Vidente” de Rimbaud no es más lúcida, no es más apocalíptica, no es más humilde.

Hasta aquí el fragmento de la entrevista.

De acuerdo a la investigación, aparentemente aquella carta aún no es conocida por el público.

No eran tiempos fáciles para Violeta, quien intentó acabar con su vida por primera vez en 1966, poco antes de grabar su mejor disco, Las últimas composiciones. Preocupados, algunos de sus amigos la invitaron a una gira por el sur de Chile. Viajó entonces hasta Punta Arenas, y regresó a Santiago visiblemente más animada. Pero resultó ser un bienestar fugaz. Las últimas composiciones fueron una suerte de epitafio adelantado, un disco de canciones tan intensas y contradictorias como su vida, y que iba desde la más desolada amargura de "Corazón Maldito", hasta el himno humanista en que ha llegado a convertirse "Gracias a la vida".

Corazón maldito
(Violeta Parra)
Corazón, contesta,por qué palpitas, sí,por qué palpitas,como una campanaque se encabrita, sí,que se encabrita.Por qué palpitas.No ves que la nocheLa paso en vela, sí,la paso en vela,como en mar violentola carabela, sí,la carabela.Tú me desvelas.Cuál es mi pecadopa maltratarme, sí,pa maltratarme,como el prisioneropor los gendarmes,sí, por los gendarmes.Quieres matarme.Pero a ti te ocultanduras paredes, sí,duras paredesy mi sangre oprimesentre tus redes, sí,entre tus redes.Por qué no cedes.Corazón malditosin miramiento, sí,sin miramiento,ciego, sordo y mudode nacimiento, sí,de nacimiento.Me das tormento.
Gracias a la vida
(
Violeta Parra)
Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me dio dos luceros que, cuando los abro,perfecto distingo lo negro del blanco,y en el alto cielo su fondo estrelladoy en las multitudes el hombre que yo amo.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado el oído que en todo su ancho,graba noche y día grillos y canarios;martillos, turbinas, ladridos, chubascos,y la voz tan tierna de mi bien amado.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado el sonido y el abecedario,con él las palabras que pienso y declaro:madre, amigo, hermano, y luz alumbrandola ruta del alma del que estoy amando.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado la marcha de mis pies cansados;con ellos anduve ciudades y charcos,playas y desiertos, montañas y llanos,y la casa tuya, tu calle y tu patio.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me dio el corazón que agita su marcocuando miro el fruto del cerebro humano;cuando miro el bueno tan lejos del malo,cuando miro el fondo de tus ojos claros.Gracias a la vida que me ha dado tanto.Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.Así yo distingo dicha de quebranto,los dos materiales que forman mi canto,y el canto de ustedes que es el mismo cantoy el canto de todos, que es mi propio canto.Gracias a la vida que me ha dado tanto.
(1964-1965)

EL LEGADO DE VIOLETA.
Para explicar lo que fue la obra de Violeta, cito los términos con que José María Arguedas, escritor y antropólogo peruano se refiere a ella: “es la comprensión de la cultura como una totalidad en que se entretejen y reproducen prácticas de vida: formas de comportamiento, una percepción de las relaciones sociales, actitudes frente al trabajo, el amor, la recreación y la expresividad artística”
El rasgo más relevante en Violeta Parra, y por tanto en su producción artística, es la pasión. Su vida llena de encuentros y desencuentros, ligada siempre al amor, al folclore y a justicia. La irreverencia con que plantea su pensamiento, tan centrado en la belleza de su propio pueblo, tanto así que, estando en la ciudad de la luz, París, sólo siente la necesidad de regresar junto a la gente de la que se nutre: barrios populares, ferias y trabajadores del campo. Su singular lazo con la tierra lo hace carne al instalarse en su carpa de La Reina. Para ella era importante vivir sobre el suelo de tierra apisonada como el que la vio nacer. Las grandes obras de arte contenidas en el museo El Louvre, donde ella también expuso, no la impresionan, no llaman su atención. No se trata de desdén hacia el arte, sino que es tan poderosa la meta y el camino que se ha trazado que desecha todo lo que la aparte de él.
Su mayor proyecto, la instalación de una carpa en la zona santiaguina de La Reina, se orientaba a la creación de una especie de "universidad" de la cultura popular que incluiría idealmente cursos de folklore, de composición musical, artesanía, danza, muestras de la cocina autóctona, presentación de artistas populares, etc. Más que un centro tradicional para ofrecer espectáculos pagados, ese proyecto en el que volcó sus últimos esfuerzos y sueños lo entendía como un espacio de concertación de una praxis cultural disgregada y marginada por el avance avasallador de la sociedad urbana...... En relación a su trabajo de recopilación y a sus proyectos, su hijo Ángel Parra señala en una entrevista:
“Primero que nada, ella no quería que lo que estaba rescatando como folklore se entendiera como cosa de museo. El folklore, para ella (entendiendo como folklore también la artesanía, la cerámica, las leyendas e historias populares, la cultura culinaria, etc.) era parte de la cultura viva, actual, de un pueblo. Por eso que su sueño mayor fue crear esa especie de universidad popular del folklore, a partir de la Carpa de La Reina, donde esta cultura se estudiara y se reincorporara en forma activa a la vida nacional. Hubo un momento en que esto se pudo hacer, pero como estos proyectos siempre requieren una infraestructura grande, de dinero, profesores, etc., nadie se atrevió a seguirla en esta locura. Que habría sido una locura maravillosa. Esta actitud frente al folklore, entenderlo como un fenómeno cultural vivo, la llevaba a rechazar las danzas del siglo XIX y de la Colonia (el cuando, la resfalosa, etc.) y a buscar manifestaciones todavía vigentes en el campo, como en los "velorios de angelitos", o en las "redondillas", cantando con poetas populares, algo que no se consideraba respetable entonces. Pero ella, con la garra que tenía, con su empuje, fue metiéndose en ese mundo y rescatando sus expresiones culturales. En un momento se dio cuenta que parte de esa tradición estaba centrada en el pasado, que cantar el Génesis, el Nuevo Testamento, la Pasión de Cristo en décimas, etc., era un poco también cantarle al pasado. Y es allí donde ella descubre que toda la tradición formal del folklore, todas esas herramientas que ha ido coleccionando a través de los años (la cuarteta, la décima, el chapecao, etc.) se podrían utilizar para cantar las realidades del presente, para cantarle al amor, a la vida política, a las situaciones sociales del mundo contemporáneo, etc. Yo creo que es ahí donde se produce la transición fundamental, y Violeta queda como una gran folklorista, alguien que rescató la identidad de la cultural nacional, y a la vez como la mujer contemporánea que utiliza esa tradición para cantarle a su tiempo histórico. Para cantarle a la vida, finalmente. Esa es mi impresión.”
En el “Libro Mayor de Violeta Parra”, escrito por su hija Isabel, hace referencia a una entrevista efectuada a su madre:
"Pregunta: Violeta, usted es poeta, es compositora, y hace tapicería y pintura. Si tuviera que elegir un sólo medio de expresión. ¿Cuál elegiría?
Violeta: yo elegiría quedarme con la gente".
Su obra seguirá ocupando la atención de los especialistas, pero la memoria de su canto se ha ido enraizando en la comunidad, en esa gente que aprendió a oírla, aunque sea tardíamente. En esa gente a la que explicó sin subterfugios retóricos:
"Yo canto a la "chillaneja"si tengo que decir algoy no tomo la guitarrapor conseguir un aplauso.Yo canto la diferencia que hay de lo cierto a lo falso,de lo contrario no canto".
Alejandra Gallero U.
Parral, Junio 2009.




BIBLIOGRAFÍA: PROYECTO PATRIMONIO
Pàgina cultural en Internet
Archivo Violeta Parra.

PROYECTO PATRIMONIO
Pàgina cultural en Internet
Archivo Violeta Parra.
Décimas. Autobiografía en verso (fragmento).

CEME. ARCHIVO DE CHILE.
Entrevista a Violeta Parra por el locutor
Mario Céspedes Radio Concepción.

CEME. ARCHIVO CHILE
Entrevista a su hermano Nicanor
La última canción de Violeta Parra
Leonidas Morales T.

CEME. ARCHIVO CHILE
Escritos de París,
Violeta Parra.

CEME. ARCHIVO CHILE
Violeta la de todos los tiempos

CEME. ARCHIVO CHILE
Violeta Parra: Décimas, canciones y cartas.

30 noviembre 2007



“EL PERSEGUIDOR”
Autor: Julio Cortazar.

Impreso por Editorial Offset S.A.
México.

Alejandra Gallero U.
13 de julio 2007,
“El Perseguidor”, escrito en 1959 por Julio Cortazar, se considera un referente obligado de su obra, dado que contiene el sello de la narrativa de su autor. El ritmo del lenguaje que, leído en voz alta, se asemeja a la oralidad llevándonos al principio, al origen del cuento. En ocasiones altera la sintaxis, la realidad aparece dislocada y el tiempo se transforma en algo relativo, sin embargo atrapa al lector en su fantasía.
Ambientada en París entre los años 1950 y 1951, narra, a través de su amigo y crítico de jazz, Bruno, la vida del saxofonista Johnny Carter.
De acuerdo a un estudio realizado por Andrés González Riquelme de la Universidad de Concepción, Chile, no es casual que el personaje principal de la obra, Johnny Carter (basado en la vida de Charlie Parker), sea un saxofonista, músico de Jazz que, cuando improvisa, su genialidad deja al público extasiado. Lo que hace especial a Johnny es que mientras deja fluir una improvisación con su saxo, la secuencia temporal y espacial se alteran en su mente; a ello se refiere cuando el personaje dice: “Esto ya lo toqué mañana”
Ocurre que (según el Sr. González), Cortazar conecta elementos específicos de la música de jazz, lo que hay en él de huidizo y rupturista, sus fugas en múltiples direcciones, lo que importa es avanzar, no interesa hacia dónde, nunca hay un fin determinado, sólo el espacio abierto de las movilidades y de la variación continua. El propio Cortazar se ve arrastrado por esas variaciones que se dan en la música y, bajo este influjo, compone un relato que es inseparable del jazz. Son los personajes que crea los que expresan los movimientos de la música. Todos están atravesados por la música, los descoloca, los hace moverse de diversas maneras.
En “El perseguidor” hay una problemática respecto del tiempo que se manifiesta en la oposición entre dos temporalidades: Una es la normal, medible con aparatos tradicionales como el reloj; La otra es la que se manifiesta a través de Johnny Carter, que no se deja calcular, ni atrapar por medidas convencionales. Cuando Johnny trata de explicar sus fugas del tiempo y su entrada en otras temporalidades dice: “…la música me sacaba del tiempo… la música me metía en el tiempo”. No es casual que esas sensaciones del músico las experimentase al ejecutar sus improvisaciones, llenas de fugas o huidas, agujeros en todas direcciones. En el relato el lenguaje, las acciones que ocurren, los continuos estados de desesperación del personaje están relacionados directamente con la forma en que fluye la música de jazz.
Johnny Carter es un saxofonista de excepción que vive atrapado por la droga, el alcohol y el jazz. Detrás de él se encuentran personajes como Dedéé, su compañera, Tica, la marquesa, sus propios compañeros de la banda y Bruno, periodista crítico de jazz, amigo y admirador incondicional del músico y biógrafo del mismo, quienes se encargan de que el gran jazzista mantenga un mínimo estado de sensatez como para que pueda seguir cautivando a su público. Todos estos personajes, a excepción de Bruno, se mueven en un mundo bohemio, entre bares y reuniones que la marquesa financia gustosa. Ella es su “protectora” (alguna vez fueron amantes), no sólo le proporciona dinero para sobrevivir, sino que también le proporciona la droga y el ron que mantienen a Johnny sumido en un estado de permanente confusión.
Bruno es el narrador de esta historia y, siendo la antítesis del resto de los personajes, observa los acontecimientos desde su posición de estar “limpio”, desde su puritanismo y moralidad que apenas le permiten soportar la promiscuidad que impera en el grupo.
Johnny es un ser débil que no requiere demasiado de la vida: un plato de comida cuando tiene hambre y una cama cuando está cansado. Ni siquiera tiene su propio saxo, porque los pierde o los rompe. Su carismática figura consigue invariablemente a alguien dispuesto a asumir los riesgos y prestarle un instrumento.
Siempre alojado en cuartos oscuros, ruinosos, sucios y deprimentes. Dedéé, una ex artista de cabaret, ahora luce ajada, envejecida, viste todavía trajes que brillaban en la escena y que hoy hacen más dramático el estado a que ella y Johnny han llegado.
Bruno, siempre atento a auxiliar a su amigo en cualquier circunstancia, trata de comprender lo que hay detrás de esa locura que le hace obsesionarse con escenas como el campo lleno de urnas por donde él transita una y otra vez.
Estructurada en largos párrafos, con frases subordinadas que dan paso a otras del mismo orden. Abundan los monólogos, en especial, de Bruno en donde expresa el cúmulo de contradicciones que le provoca el mundo de Johnny. Envidia esa irresponsabilidad con que se mueve, envidia el mundo propio del músico cuando pareciera salirse de este planeta y vivir experiencias fascinantes, pero que quedan truncas. La desconstrucción del tiempo y del espacio que Johnny repite una y otra vez y que a Bruno le es negada; él vive limitado por su moral estricta de la cual se siente orgulloso, aunque le asalta la duda de si tal vez sea la cobardía la que mantiene su mirada a la distancia, aunque físicamente este cerca. Quisiera sentir algo de lo que siente Johnny, incluso su dolor.
Los silencios, parte importante en los diálogos y monólogos tanto de Bruno como de Johnny, forman parte esencial del texto.
Los diálogos entre los dos amigos, llenos de incoherencias, de preguntas que Johnny plantea a Bruno, en donde incluso la ironía tiene su lugar, como cuando saluda a su amigo:”El compañero Bruno es fiel como el mal aliento”, para de pronto cambiar totalmente de tema e incluso de humor. Luego vuelve a sus dudas, a sus explicaciones incomprensibles por el racionamiento.
En suma, “El Perseguidor” es un relato con una temática en apariencia simple, mas cuando se analiza en relación con el jazz y sus características, descubrimos un trabajo propio de un Cortazar, quizá comparable con su compatriota José Luis Borges.
Este músico sobreviviente sólo por la música, este hombre que vive tratando de encontrar algo que no sabe bien qué es, finalmente es en su propia genialidad musical donde encuentra la razón última de su existencia.



Alejandra Gallero U.


COMENTARIO DE LA NOVELA
“EL EXTRAÑO CASO DEL DR. JEKYLL Y MR. HYDE”
AUTOR: ROBERT L. STEVENSON.


Alejandra Gallero U.

Novela que le dio la fama a su autor en 1886, aunque desde 1881 se había dedicado a escribir obras en las que destaca lo sobrenatural y fantástico. En éstos logra una minuciosa creación de atmósferas y ambientes.
Al autor le tocó vivir una época de gran efervescencia en materia tecnológica, hecho que debió exacerbar su imaginación al plantarse hasta dónde podría llegar la ciencia y la tecnología aplicada al ser humano. Era la época de oro del período victoriano.
Enfermizo desde su juventud, sufría constantes pesadillas, muchas de las cuales las volcó en sus relatos. Exponer previamente estos datos del autor y su época, en especial en este caso, constituyen una fuente de base para dar inicio a una lectura crítica de su obra.
Quien cuenta la historia es un narrador omniscente, ya que no corresponde a un personaje de la novela y lo hace en tercera persona. Sólo en el capítulo en que “Henry Jekyll explica lo que ocurrió”, la voz que narra corresponde a la del personaje principal de la novela, Henry Jekyll. Focaliza su discurso dándole la mayor importancia a tratar de aclarar los hechos centrándose en su propio proceso interno y que, si bien no justifica nada, si permite comprender como llega a extremos y situaciones que constituyen el clímax y la razón del argumento de la historia.
El tema está tratado en forma lineal, hasta el capítulo que Lord Henry debe retroceder en el tiempo y enlazar los hechos desde el principio; única forma de que el lector comprenda el proceso.

La novela empieza con la descripción del abogado Mister Utterson, tanto en su aspecto físico como su forma de relacionarse con los demás y la justa fama de honorabilidad que lo preside. Lo une una curiosa y antigua amistad con Mister Enfield, ya que a pesar del aburrimiento que comparten, jamás se privan de sus paseos dominicales. El narrador utiliza a este segundo personaje, Mister Enfield, para introducir la historia, ya que en uno de sus paseos dominicales se encuentran frente a una construcción de extrañas características; la misma que hace a Mister Enfield recordar un desagradable acontecimiento que, curiosamente, involucra a aquel edificio.
He aquí a nuestro narrador jugando un poco con el lector, quien, después de recibir información sobre la relación entre estos dos personajes, espera que el rol del segundo se mantenga dentro del ámbito de los acontecimientos. Sin embargo, el personaje de Mister Enfield desaparece al terminar el primer capítulo.
Esta novela de suspenso cuenta la historia del Dr. Jekyll, médico apasionado por la investigación. En sus estudios descubre que dentro de él hay dos YO, uno bueno y otro que reúne todas sus tendencias negativas. Puesto que puede distinguirlos tan claramente, busca la fórmula para separar ambos opuestos. Tras mucho experimentar, obtiene la pócima que logra la transfiguración entre sus contrarios. Cuando su ser adoptaba la figura del hombre en el que se concentraba su parte más abyecta, el cambio de constitución y características eran tales, que provocaba el rechazo de quien le mirase. Maravillado por su éxito le llamó Mister Hyde. Luego, al volver a ingerir la fórmula aparecía el mismo Dr. Jekyll, con su aura de respetabilidad y encanto.
Como el primero, disfrutaba al satisfacer sus más bajos instintos, mientras que como el segundo, mantenía su reputación y relaciones sociales. Todo iba bien, hasta que el proceso de cambio de cada uno de sus egos escapa de las manos del científico. En efecto, ahora, sin mediar pócima alguna, con sólo dormir unos minutos, despertaba transformado en su opuesto. Del mismo modo cuando necesitaba volver a ser el Dr. Jekyll, la fórmula no surtía efecto. En vano intentó dejar para siempre sus experimentos; Mr. Hyde bullía en su interior obligándolo a desdoblarse una vez más.
Aquí se ve el elemento intertextual. Especialmente me trae a la memoria el caso del Dr. Frakenstein, quien creó un ser a partir de los miembros y órganos de diversos cadáveres. Pero, donde coinciden mezclándose en la memoria del lector, es que en ambos casos, sus grandes hallazgos y creaciones terminan dominando y destruyendo a sus hacedores.
Una vez más nos encontramos con las dos caras de la vida: el Bien y el Mal, enfrentados y personificados por individuos que han tenido todo en la vida, pero que se someten ante la posibilidad de traspasar las barreras con sus experimentos.
No importa demasiado si para conseguir sus fines deben pasar por sobre los amigos más preciados; su obsesión es más fuerte.
Aunque no me considero lectora de novelas de misterio, reconozco que Stevenson logra mantener la incógnita y el suspenso a lo largo de la novela, sorprendiendo no pocas veces.

26 octubre 2007

"Confieso que he vivido" de Pablo Neruda


"Confieso que he vivido" de Pablo Neruda"Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia". Así comienza el relato de Con lenguaje sencillo, plagado de hermosas figuras literarias y metáforas, comparte con el lector la riqueza de su experiencia, percibida bajo el prisma de una sensibilidad desbordante.
Su niñez, precaria en lo material, y sin embargo plena en afectos, transcurre inmerso en la voluptuosidad del follaje propio del sur de Chile. La lluvia, la tierra, la selva y el agua, serán elementos siempre presentes en su obra. Así él lo señala: "Mi vida es una larga peregrinación que siempre da vueltas, que siempre retorna al bosque austral, a la selva perdida."
Durante su juventud es un tímido estudiante pobre que vive su estrechez con hidalguía, engañando al hambre con escuálidos cafés, mientras consume con apetito voraz todo el material intelectual de su época. Cada vez se siente más comprometido con la humanidad entera y pone al servicio de ella su obra: "Porque he vivido para mi poesía y mi poesía ha sustentado mis luchas."
Valparaíso, principal puerto marítimo de Chile, marca una huella en el alma del poeta. Su loca geografía le inspira a decir: "Escaleras por donde sube el sol para dar amor a las colinas".
Con poco más de veinte años de edad, inicia su aventura por tierras de Oriente. Esgrimiendo el título de cónsul en lugares perdidos en los mapas, conoce la soledad y el dolor de vivir alejado de la patria. Se sobrepone, sin embargo, y extrae de la experiencia una fuerza y generosidad que marcarán su paso por la tierra.
La guerra civil española pone fin a su amistad con el poeta Federico García Lorca, muerto a manos del fascismo. De la amargura que le causa el sacrificio de todo un pueblo, surge su compromiso político y su obra: "España en el corazón".
Cálidos lazos fraternales le unen a los intelectuales y escritores de la época. Sólo Vicente Huidobro manifiesta, a través de sus escritos, un sentimiento adverso al poeta. Sin embargo, Neruda no responde a sus ofensas, y lo explica diciendo: "La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina."
En el relato de sus visitas a China y la URSS, se revela un hombre que más que un militante comunista, fue un amante de la justicia y de la humanidad, ajeno a principios dogmáticos y sectarismos. Con gran honestidad habla del horror que le produjo el culto a la personalidad impuesto por Stalin en Rusia y por Mao Tse Tung en China.
Ante todo, Neruda fue un gran gozador de la vida en todos sus ámbitos. Dueño de un alma de niño travieso, disfruta y se maravilla frente a los dones de la naturaleza y admira la capacidad humana cuando ésta se manifiesta positivamente por la vida.
Impone una imagen nueva para los poetas. Rompe con el estereotipo que les hacía aparecer siempre miserables y sufrientes. Otorga un estándar superior al oficio de hacer poesía. Dice: "Los poetas tenemos derecho a ser felices, sobre la base de que estamos plenamente unidos a nuestros pueblos y a la lucha por su felicidad", y agrega: "Pero el caso es que soy feliz por dentro. Tengo una conciencia tranquila y una inteligencia intranquila."
El componente lúdico de su obra forma parte de su estilo de vida, dice al respecto: "En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta."
En 1950 recibe el Premio de la Paz conjuntamente con Pablo Picasso y Nazim Hikmet, como un reconocimiento a su contribución histórica, en especial, la misión de rescatar a las víctimas del fascismo español embarcándolos en el barco Winnipeg hacia Chile.
Su relación con el lenguaje es tan íntima que expresa: "Así he vivido gozando de cada sílaba, en el nombre de Singapur, en el de Samarkanda. Deseo que cuando me muera me entierren en un nombre, en un sonoro nombre bien escogido, para que sus sílabas canten sobre mis huesos, cerca del mar."
Hacia la última parte del libro hace un recorrido dedicando a cada poeta y amigo de todos los confines de la tierra una nota de admiración, regocijo y agradecimiento.
Termina de escribir su libro: "Confieso que he vivido" tres días después de la muerte del presidente de Chile y su amigo: Salvador Allende durante el golpe de Estado de 1973.
De su pluma emerge el abatimiento y desencanto ante la derrota del pueblo de Chile, rompiendo la tónica alegre del resto de la narración. Presa de un dolor demasiado fuerte para su organismo ya minado por la enfermedad y el tiempo, sólo sobrevivió diez días al pronunciamiento militar con lo que doblemente enlutó a su partido, su patria y al mundo entero, puesto que su valor poético trasciende universalmente.

23 septiembre 2007

Los Pilares de la Tierra Ken Follett

Novela de más de 1300 páginas, ambientada en Inglaterra durante la Edad Media.
Los personajes principales son dos hombres honestos y generosos cuyo máximo anhelo es construir una catedral. El primero, Tom, un maestro constructor y el segundo, un sacerdote de nombre Philip, encargado del lugar en que se ubicaría la catedral.
Narrada en tercera persona por un narrador omniscente que transmite los hechos en forma lineal. Por momentos los personajes recuerdan pasajes de su vida anterior, sin que ello altere la temporalidad de la obra.
A lo largo de la historia aparecen personajes de una crueldad inusitada, para los cuales el fin justifica los medios. Los hay pertenecientes al clero, así como a la aristocracia feudal.
La esencia de la obra, a mi juicio, radica en la perseverancia de estos hombres justos y buenos: el constructor Tom y el sacerdote Philip, para lograr sus objetivos. Deben derrotar al mal personificado en figuras como William Hamleigh y el obispo Waleran, entre otros. Es la eterna confrontación entre el Bien y el Mal.
La época en que ocurre la historia es de gran convulsión política. En un momento los reyes son coronados y al siguiente, caen sus coronas al vencer el ejército de su adversario. Los caballeros, con sus costosos caballos de guerra y sus armaduras, si desean los favores del rey, sea cual fuere, cambian de bando solicitando humildemente el perdón al nuevo monarca por su error, y pasan a servirlos, hasta que nuevamente la corona caiga en otras manos.
Aquí aparece la figura del Banquero quien financia los altos costos de las guerras y a cualquiera que tenga lo suficiente para reponer la deuda con los intereses generados.
En la historia destacan dos mujeres: Aliena, que debe abandonar el castillo en que vive convertida en una mendiga y además, con la promesa hecha a su padre antes de morir de hacerse cargo de su hermano menor, Richard, para que éste llegue a ser caballero, recupere el castillo y el condado perdidos.
La segunda es Ellen, mujer de rasgos inquietantes, que ha vivido largos años en una cueva en el bosque con su hijo Jack, por ser una proscrita.
Estos y otros personajes se entrelazan dando coherencia y verosimilitud a la historia.
El hilo conductor es la construcción de la catedral de Kingsbridge, con todos los altos y bajos que la acompañan. No obstante los muchos problemas que deben enfrentar los personajes, el tono de la narración es de fe y optimismo.
Los protagonistas están bien caracterizados; los hay buenos, pero que reconocen sus debilidades; aquellos crueles, o sufren de trastornos de personalidad y traumas familiares, o están convencidos de que su fin último justifica los medios, por horrorosos que sean.
Desde mi punto de vista el gran valor de la obra radica en el todo que la conforma. Es decir, personajes de características muy humanas, insertos en una sociedad medieval retratada como si el autor hubiese vivido en ella. El lector puede hacerse un cuadro muy vívido de cómo se vivía en aquella época, a la par que entra, mediante la magia de la lectura, a formar parte de la trama sintiéndose identificado con uno u otro personaje,
Aparecen, a lo largo de la trama, los cambios tecnológicos de la época que, aunque sutiles, aumentan la eficiencia en el trabajo; la vida sencilla cercana a la pobreza en que viven los habitantes de los condados; los castillos y sus estructuras de defensa; que materiales de construcción se utilizaban; el cambio progresivo de la construcción de catedrales de estilo románico al gótico. Afortunadamente muchas de ellas todavía se pueden admirar.
En fin, como dice en la contratapa del libro: “La historia se inicia con el ahorcamiento público de un inocente y finaliza con la humillación de un rey”। La frase que pone término a la novela es el pensamiento del obispo Philip: “A partir de este día, se dijo, el mundo será un poco mejor”। Es doloroso constatar que hoy, en el siglo XXI, nuestro mundo no es mucho mejor que el de antaño.


Ken Follett, escritor británico nacido en 1949. Nació en Cardiff (Gales) y creció en una familia muy estricta y profundamente religiosa. Estudió Filosofía en Londres durante la década de 1960, cuando la universidad se encontraba muy agitada a causa de la guerra de Vietnam, y allí empezó a interesarse por la política. En 1970 realizó un curso de periodismo y empezó a escribir como reportero y, más tarde, como novelista durante su tiempo libre. Destacó como autor de novelas de intriga y suspenso que han sido éxitos de venta en todo el mundo.
En 1989, arriesgando la posición obtenida como escritor de thrillers, publicó una novela de largo aliento y profundidad titulada: “Los pilares de la tierra”. Sitúa la acción en Inglaterra durante la Edad Media. Cuenta una historia en la que se entrecruzan las vidas de un constructor, un aristócrata, un escultor, un sacerdote y una misteriosa mujer que lanza una maldición, entre otros. Para llevar a cabo su idea comenzó por estudiar sobre la forma en que se construían las catedrales, para luego dedicarse a la observación en detalle de las existentes; buscaba en los intersticios formados entre las piedras de sus murallas la propia historia de la catedral. Una pregunta le rondaba con insistencia: ¿Porqué personas que generalmente vivían cercanos a la miseria, se esforzaban en construir aquellas inmensas catedrales? ¿Era sólo por alabar a Dios? En las páginas de esta novela se encuentra la respuesta.
Otras novelas de Ken Follet son: Un lugar llamado libertad (1995), El tercer gemelo (1996), Doble juego (2000), Alto riesgo (2001), Vuelo final (2002) y En el blanco (2004). Muchas de sus obras han sido llevadas, también con éxito, al cine.

El juguete rabioso de Robert Arlt

Entre las barriadas de Buenos Aires surge la historia de Silvio Astier, narrador y personaje central, quien se propone escribir sus memorias.
Esta novela, publicada en 1926 en Buenos Aires, es la más autobiográfica del autor, sin llegar a serlo completamente. Arlt traspasa a su héroe, que más bien corresponde a un antihéroe, las muchas dificultades y frustraciones que hubo en su vida. Además le agrega al personaje la habilidad de crear inventos, la misma que él poseía.
El estilo que utiliza tiene la particularidad de tener un tono coloquial, es decir, escribe su obra de la misma forma en que habla, aportando agilidad, tanto las descripciones, que abundan, como los monólogos internos y los diálogos. El lenguaje, salpicado de argentinismos y algunas palabras de la jerga delictual, constituye el condimento perfecto para hacer de este libro, que sin ser superfluo, sino por el contrario muy profundo, una obra de rápida lectura, aunque requiera releerse en ocasiones, dada la complejidad que encierra.
Utiliza variadas figuras retóricas, en especial, símiles, personificación, hipérbaton y metáforas, siendo mi favorita: “Abochornar el peligro a bofetadas de coraje”
Todas estas características hacen que las atmósferas, en especial el miedo, se sientan en la piel del lector. Los personajes secundarios están esbozados en lo que constituye la esencia de cada uno, en tanto que no escatima en describir los caracteres físicos, los rasgos, los gestos de cada cual como si detrás de ellos se escondiese su verdadera personalidad.

La novela está estructurada en cuatro etapas de la vida del narrador: Los Ladrones – Los trabajos y los días – El juguete rabioso y Judas Iscarioste.
En la primera parte, “Los Ladrones”, Silvio tiene catorce años y deambula por las calles de su barrio, un barrio de tiendas en donde las vecinas obtienen sus víveres gracias a un cuaderno que registra sus compras, algunas tienen la sana intención de cancelar el total algún día. Es un mundo de pobreza que las vecinas olvidan por momentos mientras charlan a cerca de uno u otro vecino entre repollos, medios kilos de azúcar o de arroz.
Un zapatero andaluz lo introduce en la vida de personajes de antaño que robaban a los ricos para ayudar a viudas y desamparados. El muchacho se convierte en un avezado lector de folletines, sueña con emular a héroes como Rocambole, protagonista de la novela escrita por el vizconde Jonson du Terrail. Su gran anhelo es llegar a ser un bandido como los de sus novelas.
Tomada la decisión de dedicarse al pillaje, considera que necesita un compañero; este es Enrique Irzubeta apodado “EL Falsificador”, al que pronto se une Lucio. Forman “El Club de los Caballeros de la Media Noche”. Los golpes que planifican no dan los frutos esperados y al enfrentarse al riesgo de ser aprehendidos, dictaminan que el club cesa sus sesiones indefinidamente. Sólo Enrique decide que seguirá en sus intentos.

En la segunda parte, “Los trabajos y los días”, la madre de Silvio, abatida por la miseria, insiste en que el muchacho debe trabajar. La rabia y la frustración, sumado a su orgullo, provocan rechazo ante la sola idea. Sin embargo, el deterioro y las lágrimas de la madre son más fuertes y acepta.
Su primer trabajo es en una librería cuya atmósfera y personajes bien pudieron haber sido descritos por Charles Dickens, tanta es la miseria física y moral. De allí debe huir luego de intentar, sin éxito, incendiar el lugar.

En la tercera parte: “El juguete rabioso”, una oportunidad le permite ingresar a la Escuela de Aviación de donde días después de llegado lo expulsan sin razón aparente. Otro golpe bajo que va endureciendo por dentro y por fuera al personaje. Decide suicidarse e incluso aquello no logra. Decide que será “un muerto en vida” ya que no alcanza a ver un camino mejor; todo en su vida han sido sombras, dejará que esas mismas sombras dirijan su destino.

En la cuarta parte: “Judas Iscariote”, Silvio, ya hecho un hombre, trabaja como vendedor a comisión en una papelería. Sus mejores clientes son los feriantes de la calle Las Flores y es allí donde conoce a un cuidador de carros apodado “EL Rengo”. Le entretiene su conversación y le ayuda a pasar las horas tristes.
En una oportunidad El Rengo le propone robar una caja fuerte de la cual tiene las llaves y su mujer, criada de la casa, les facilitará la entrada. Silvio acepta, sin embargo algo le impulsa a delatarlo. La tremenda frustración que ha acumulado durante su vida lo lleva a optar por la venganza, por la traición no importando sobre quién recaiga; decide avisar al dueño del botín lo que pretende su amigo. Siente que hay belleza en ser un Judas Isariote. Cuanto más lo piensa, más conmovido se siente ante su acto.
La miseria, la imposibilidad de salir de aquella rueda sin fin y concretar sus sueños, ha dejado su marca lacerada a fuego sobre la piel de Astier. Tantos fracasos y humillaciones invalidan las condiciones morales, siendo la hipocresía, la perversidad y la ironía sus armas para el triunfo. La ganancia económica no tiene importancia.

En síntesis, “El Juguete Rabioso” es una novela que profundiza en el alma humana, en sus bondades, pero también en la perversidad que se esconde en cada ser humano. La pobreza, la humillación y la falta de oportunidades, transforman a un chico primero en un delincuente, luego en un asesino hasta sucumbir ante la idea de ser el más canalla de los hombres, traicionando a su amigo y dispuesto a vivir
con ello.